Imam Jomeini (r.a.)
Traducción de Sheikh Yafar Gonzalez

Por una cadena de transmisión que se remonta a Muhammad ibn Yaqub, que lo recogió de Ali ibn Ibrahím, que lo recogió de su padre, que lo recogió de Abi Magrá, que lo recogió de Yazid ibn Jalífa, el cual dijo: Dijo Abu Abdel lah Imam Al-Sádeq, la paz sea con él: «Toda ostentación es politeísmo (shirk). En verdad, quien realiza sus obras para ser visto por la gente debe esperar su recompensa de la gente, pero la recompensa de quien realiza sus obras para Dios le corresponde a Dios.»

Sobre el significado de ostentación (riyá) y sus grados.

Ostentación significa realizar buenas acciones o manifestar buenas cualidades o buenas creencias para que los demás las vean y obtener una buena valoración en sus corazones y fama de bueno, correcto, digno de confianza y buen creyente entre ellos, sin tener en realidad una intención recta y pía.

La ostentación se verifica en distinto niveles.

El primer nivel tiene dos grados

El primer grado consiste en manifestar creencias y conocimientos religiosos para conseguir fama de persona creyente y honesta y una buena opinión entre las gentes. Por ejemplo, diciendo: «Yo no me someto a nadie más que a Dios.» O diciendo: «Yo solamente busco la protección de Dios.» O actuando de manera engañosa para dar a entender que es una persona muy religiosa.

Está segunda forma es la más corriente. Por ejemplo, en una conversación se habla de poner la confianza en Dios o de aceptar aquello que Dios dispone para uno y la persona ostentosa emite una exclamación o mueve la cabeza, queriendo hacer ver con ello que él pertenece a ese tipo de personas.

El segundo grado es el de la persona que se aparta de las creencias vanas y purifica su alma de ellas, pero con la intención de obtener respeto y consideración entre las gentes, sea mediante manifestaciones verbales, sea mediante gestos o indicaciones.

El segundo nivel también tiene dos grados.

El primer grado es manifestar cualidades elogiables y nobles características.

El otro es dar señales de haberse alejado de los vicios y malos hábitos y de haber purificado el alma de ellos, para ser conocido por ello.

El tercer nivel que es la ostentación de la que tratan los doctores de la ley (fuqahá), quiera Dios estar satisfecho de ellos, y que tiene esos dos mismos grados:

Uno, que consiste en realizar los actos y a la adoración establecidos por la ley islámica o manifestar inclinaciones intelectuales pero con intención de hacerse ver por las gentes y atraer hacia él la simpatía; tanto si es la esencia de sus actos la que está regida por la ostentación, como si es la manera de realizarlos, o las condiciones en las que los realiza, o parte de ellos, tal y como ha sido descrito en los libros de leyes.

Otro, que consiste en apartarse de determinados actos pero con la misma intención.

Es estas páginas, comentaré algunos de los malos comportamientos en de cada uno de estos tres niveles y, de manera resumida, aquello que se considera adecuado para curar ese vicio moral.

Primer nivel

Consta de varias partes

Has de saber que la ostentación en cuestiones relativas a las creencias y los conocimientos religiosos es, de todas la clases de ostentación, la peor y sus consecuencias son también las peores y provoca una oscuridad mayor y más profunda que ningún otro tipo de ostentación.

Si quien sufre de este tipo de ostentación no cree en realidad en aquello que manifiesta, es uno de los hipócritas para los que ha sido decretado el fuego y la destrucción eterna y cuyo castigo es el más severo.

Pero si cree en lo que manifiesta, pero hace gala de ello para conseguir la admiración y el afecto de los demás, no puede ser calificado de hipócrita, pero su ostentación causa que la luz de la fe escape de su corazón y su lugar pase a ser ocupado por la oscuridad de la incredulidad, ya que, tal persona, aunque desde el principio del asunto es un politeísta que padece un ligero politeísmo, ya que entrega a la gente sus creencias verdaderas y sus conocimientos religiosos, cuando deberían ser pura y únicamente para Dios, puesto que la Verdad Altísima es el único dueño de esa esencia sagrada, dando a los demás participación en ello y permitiendo que Satanás se apodere de ello, haciendo que ese acto del corazón no sea ya para Dios.

En uno de los capítulos, explicaremos que la fe es uno de los actos del corazón y no únicamente algo intelectual.

Como dice un noble hadíz: «Toda ostentación es politeísmo.» Pero este vicio, esta atrocidad, esta oculta crueldad y este hábito degradante, termina finalmente por destruir las buenas acciones de la persona, por permitir que en su corazón entre otro aparte de Dios.

Poco a poco la oscuridad de este vicio causa que la persona marche sin fe de este mundo. Esta fe imaginaria que posee no es más que un concepto sin sentido, un cuerpo sin alma y una cáscara sin fruto, inaceptable para Dios, como indica ese hadíz transmitido por Ali ibn Sálem y recogido en el excelente libro Al-Kafi, que dice: «Escuche decir a Abu Abdel lah, sobre él la paz: Dijo Dios poderoso y majestuoso: Yo soy el mejor de los socios. Yo no acepto el acto de quien asocia conmigo a otros en lo que hace. Sólo acepto de él lo que hace únicamente para Mí.»

Es evidente, por lo tanto, que Dios no presta a los actos del corazón si no son puros, ni los acepta y se los transfiere al otro socio que es aquel para quien se ha hecho alarde de ellos.

Después, las prácticas del corazón realizadas para otro que Dios traspasan los límites del politeísmo y entran en el terreno de la pura incredulidad. De manera que se puede decir que esa persona pasa a formar parte de los hipócritas. Mientras su politeísmo es débil también su hipocresía es débil. El pobre desgraciado piensa que es un creyente pero es un politeísta al principio y al final deviene un hipócrita y probará el castigo reservado a los hipócritas.

¡Ay de aquel cuyos actos acaban en hipocresía!

Diferencia entre conocimiento y fe

Has de saber que la fe es algo diferente al conocimiento de Dios y de la Unidad divina y el resto de los Atributos afirmativos de Su perfección y majestad y también de aquellos Atributos denominados negativos (salbíya), y del conocimiento de los ángeles, los profetas, las Escrituras y del Día del Levantamiento Final.

La fe es un acto del corazón y mientras no sea así no puede denominarse fe. Quien obtiene nociones religiosas por medio de la argumentación racional o por acceso al conocimiento de las obligaciones religiosas, debe también rendir su corazón a ellas. Y realizar los actos del corazón, que son una forma de rendición y sometimiento y una manera de aceptación, hasta convertirse en un creyente.

La perfección de la fe es la «certeza». Cuando la luz de la fe se fortalece viene seguida por la «certeza» del corazón y todo ello es algo diferente del conocimiento.

Es posible que la mente te permita comprender algo por medio de una argumentación racional pero si el corazón no se rinde a ella, ese conocimiento no sirve de nada. Por ejemplo, puedes comprender con la mente que una persona muerta no puede causar daño alguno y que todos los muertos del mundo no tiene el poder de una mosca ya que toda la fuerza corporal y mental ha escapado de ellos, pero mientras el corazón no acepte eso y se rinda ante esa idea no podrás quedarte a solas con un muerto en una noche oscura.

Pero si el corazón se rinde a la razón y acepta sus juicios, no tendrás problema para hacer algo así. Cuando, con algo de esfuerzo el corazón se rinde a la razón, desaparece el miedo a los muertos.

Por tanto, ha quedado claro que la rendición, que es una cualidad del corazón, es algo diferente a la razón, que es un cualidad de la mente.

Puede que la persona, mediante la argumentación racional demuestre la existencia del Creador Altísimo, de Su Unidad, del Día del Regreso a la vida y del resto de las creencias divinas, pero a estas creencias no se las denomina «fe» y a quien las profesa no le convierte en «creyente». Puede que sea un incrédulo o un hipócrita o un politeísta.

Pero hoy tu ojo interno está cerrado y no posee visión espiritual. Estos ojos terrenales no son capaces de percibir. Cuando lo que está oculto se revele y se manifieste el reino de la Verdad divina, el mundo físico se desvanecerá y la realidad aparecerá. Entonces te darás cuenta que no tenias fe en Dios y que el juicio de la razón no estaba en consonancia con la fe. Mientras la ilaha il lal lah no quede escrito en la página en blanco del corazón con la pluma de la razón, la persona no será un creyente en la unidad de Dios. Cuando esta hermosa sentencia divina entra en el corazón, el dominio del corazón se hace uno con la misma Verdad Altísima, la persona ya no reconoce la influencia de nadie más en el territorio de la Verdad, deja de buscar el reconocimiento y la aceptación de los demás y de esperar de ellos posición y respeto. Entonces es cuando el corazón se aleja de la ostentación.

Así pues, si ves que en tu corazón existe ostentación debes saber que aun no se ha rendido al imperativo de la razón y que no se encuentra iluminado por la luz de la fe. Que es a otro y no a la Verdad Altísima a quien tienes por dios y bajo cuya influencia estás y que, por tanto, eres uno de los hipócritas, de los idólatras o de los incrédulos.

Sobre los peligros de la ostentación

Sí ¡Oh tú, que actúas para ser visto y que has depositado en manos de Satanás, que es el enemigo de Dios Altísimo, las creencias verdaderas y los conocimientos religiosos! Aquello que pertenece en exclusiva a Dios Altísimo se lo has entregado a otros y esas luces que iluminan el alma y el corazón y que son el capital para la salvación y la felicidad eterna, las fuentes de las que mana el encuentro con Dios y la semilla de la cercanía al Amado, las has trocado por las terribles tinieblas de la desgracia y la destrucción eterna. Prepárate para unas tinieblas tras las cuales no viene luz alguna, una dificultad sin nada que la alivie y una enfermedad incurable: una muerte sin vida. Un fuego que se manifiesta desde el fondo del corazón y que abrasa el alma y el cuerpo de una manera que ni tú ni yo podemos llegar a imaginar, tal y como Dios Altísimo informa en el noble versículo de Su Libro revelado, cuando dice:

Es el Fuego abrasador de Dios que llega hasta el fondo del alma.

Solamente el fuego de Dios es capaz de quemar el corazón. Si el conocimiento innato de la unidad divina, que es la naturaleza misma de Dios, se pierde y su lugar pasa a ser ocupado por la idolatría y la incredulidad, la persona no podrá obtener la intercesión de intercesor alguno y permanecerá eternamente en el castigo.

¿Qué castigo es ese? Es el castigo que surge del disgusto divino y del celo del Señor.

Por lo tanto ¡Oh querido! No te expongas al enfado y la ira divina por causa de una falsa ilusión, un afecto limitado de las débiles criaturas y un lugar en el corazón de los pobres seres humanos y no vendas el amor divino, Su generosidad ilimitada y Su favor y benevolencia a cambio del afecto sin consecuencias de las criaturas, de las que no vas a obtener nada más que perjuicios y molestias.

Una información científica para acabar con la ostentación

Esto que voy a mencionar aquí es algo de lo que cabe esperar que sea útil para curar esa enfermedad del corazón en este y otros niveles. Está en conformidad con las demostraciones filosóficas y las iluminaciones del alma, así como con las noticias reseñadas de los Imames purificados y con el Libro de Dios y también tu razón lo confirma.

Puesto que Dios bendito y ensalzado abarca con Su poder todo el universo y todas las criaturas, controla también los corazones de todos Sus siervos y, sin Su permiso, nadie tiene capacidad, ni la tendrá, de ejercer ningún control sobre ellos. Ni siquiera la misma persona tiene poder para controlar su corazón si no es con el permiso divino, tal y como ha sido indicado en el Corán y podemos ver en la información recogida procedente de la Casa Profética (Ahl ul-Bayt), sobre ellos la paz.

Así pues, Dios bendito y ensalzado es el dueño de los corazones y Quien los controla y tú que eres solamente un siervo débil e impotente no puedes ejercer control sobre los corazones sin Su permiso, pues Su voluntas está por encima de la tuya y por encima de la voluntad de todas las criaturas.

Por lo tanto, tu ostentación e hipocresía, dirigida a atraer los corazones de Sus siervos y a conseguir respeto y fama entre ellos, no dará fruto alguno, ya que es algo que está completamente más allá de tu control y bajo el control divino. El es el dueño de los corazones y Quien los gobierna y Él es quien hace a quien quiere un sitio en los corazones de las gentes, mientras que es posible que tú consigas lo contrario de lo que te propones. Hemos visto y oído lo sucedido a la gente de dos caras que actúa para ser visto por lo demás y cuyos corazones no eran puros, cómo han tenido un final desgraciado y humillante y han obtenido lo contrario de aquello que pretendían, tal y como ha sido indicado en el noble hadíz recogido en Al-Kafi, que dice:

Relató Yarráh al-Madáiní, que Abu Abdel lah al-Imam al-Sádeq, sobre él sea la paz, comentando las palabras de Dios poderoso y majestuoso, que dicen: Por tanto, quien tenga esperanza de encontrarse con su Señor, que obre rectamente y que no asocie a nadie en la adoración a su Señor.»18:110 dijo: «La persona que no actúa para conseguir como recompensa el encuentro con su Señor, sino que obra movido por el deseo de que los demás le consideren una persona pura y buena y desea que la gente escuche lo que hace, no realiza sus actos de adoración exclusivamente para Dios, sino que asocia junto a Él a otros, es decir adora a dos dioses al mismo tiempo, al verdadero Dios y a sí mismo.

No existe siervo alguno que mantenga ocultas sus buenas acciones sin que Dios después de pasado un tiempo las saque a la luz y tampoco siervo alguno que oculte sus malas acciones sin que después de un tiempo Dios haga que ese mal quede al descubierto.»

Por tanto ¡Oh querido! Si deseas ser bien considerado pídeselo a Dios. Pide al Dueño de los corazones que los corazones de la gente estén contigo. Que tus actos sean para Dios. A cambio, Dios, además de otorgarte Sus bendiciones y favores en la otra vida, te favorecerá en este mundo y hará que seas amado. Hará que muchos corazones se abran a ti y te honrará en ambos mundos.

Esfuérzate en cultivar en tu corazón el amor a Dios con una pureza absoluta. Purifica tu ser interior para que también tus actos sean puros y tu corazón éste sólo pendiente de la Verdad, libre de contaminación y corrupción. Elimina lo turbio y opaco de tu alma. ¿De qué sirven en amor y el odio de las débiles criaturas? ¿De qué la fama y el nombre entre los siervos insignificantes?

Supongamos que sirven de algo. El beneficio que procuran es insignificante y dura poco tiempo. Es posible que ese amor sea la causa de que los actos de la persona terminen siendo pura ostentación y, Dios no lo quiera, la conviertan en un idólatra, un hipócrita y un incrédulo. Si no es humillado en este mundo lo será en el otro, ante la corte de la justicia divina, ante los siervos rectos de Dios, Sus grandes profetas y Sus ángeles querubines, con la cabeza baja, avergonzado.

No sabes cómo son la vergüenza y la humillación de ese día. Sólo Dios sabe las desgracias que acarrea el fracaso ante la corte divina. Ese es el día del que Dios ha dicho que los incrédulos dirán:

¡Ay de mí! ¡Ojalá fuese polvo!

Pero, entonces ya no servirá de nada.

¡Oh desgraciado! A cambio de un afecto limitado y de una fama entre los siervos de Dios que no sirve para nada, has renunciado a los favores divinos. Has conseguido que Dios no esté satisfecho de ti y has provocado Su disgusto contigo. Aquellos actos con los que deberías haberte procurado la morada de la generosidad divina, la vida eterna y la felicidad sin límites y mediante los cuales habrías alcanzado las más elevadas posiciones del Paraíso, los has cambiado por la opresión y las tinieblas de la idolatría y la hipocresía, y solamente obtendrás verguenza, humillación y castigos terribles. Tú mismo te has condenado al Siyyín. Tal y como dice el noble hadíz recogido en Al-Kafi, Su santidad el Imam al-Sádeq, sobre él la paz, relató que el Mensajero de Dios dijo: «En verdad, el ángel se alegra de las acciones de un siervo y las lleva al Cielo. Pero cuando llega al Cielo con ellas, Dios, poderoso y majestuoso le dice: Envíalas al Siyyín, pues, en verdad, él no las realizó solamente para Mí.»

Tú y yo, con este estado, no podemos imaginar lo que es Siyyín, ni comprender lo que significa el tribunal de los actos pecaminosos, ni ver la forma que adoptan esos actos en Siyyín. Y si un día podemos contemplar la realidad de esos actos ya no tendremos oportunidad de echarnos atrás y el camino del arrepentimiento estará cortado.

¡Oh querido! ¡Despierta! Aleja de ti la distracción y la borrachera y sopesa en la balanza de la razón tus actos antes de que sean pesados en el otro mundo y echa tu cuenta antes de que te la echen. Limpia el espejo de tu corazón del polvo de la idolatría, la hipocresía y la doble moral. No permitas que el polvo de la idolatría y la hipocresía se acumule en él hasta un punto tal que ni siquiera los fuegos del otro mundo puedan limpiarlo. No dejes que la luz de tu naturaleza original se transforme en las tinieblas de la incredulidad. No permitas que «la naturaleza esencial en la que Dios ha creado a los seres humanos» se pierda. ¡No traiciones hasta ese punto es depósito divino! Limpia el espejo de tu corazón para que la luz de la belleza divina brille en él y desapégate de este mundo y de todo lo que en él hay. Cuando el fuego del amor a Dios se enciende en el corazón, abrasa en un instante el amor que sentíamos por todo los demás de este mundo. Cuando se disfruta el placer que proporciona el recuerdo de Dios el resto de los placeres animales pasan a ser un juego de niños.

Si no eres de la gente que ha alcanzado esa posición espiritual y estas cosas te resultan sorprendentes y extrañas, al menos no apartes de ti los favores divinos del otro mundo de los que el Noble Corán y los hadices proféticos hablan, por obtener una fama y un reconocimiento efímero en los corazones de las criaturas. No pierdas todos esos regalos. No te prohíbas todas esas mercedes. No vendas tu felicidad eterna a cambio de un sufrimiento sin fin.

Una invitación a la sinceridad

Debes saber que el verdadero Señor del reino y el auténtico Otorgador de bendiciones, Aquel que nos ha entregado todos estos dones, ha previsto todo esto que existe en el mundo para nosotros desde antes de que nosotros llegásemos a él. Él es quien concibió para nosotros estos alimentos delicados y provistos de materias nutrientes adecuadas a nuestros débiles estómagos. Él es quien nos educa y nos sirve con un amor innato a Su esencia, a pesar de no estar obligado a servirnos. Él es quien ha creado el aíre que respiramos y todo lo que nos rodea, así como el resto de los favores, manifiestos y ocultos, de manera adecuada a nuestras necesidades. Así mismo ha dispuesto todo lo que existe en el otro mundo y en el mundo intermedio antes de que nosotros vayamos a ellos y nos ha pedido que purifiquemos el corazón para poder recibirle y recibir Sus favores y alcanzar así nuestras metas y obtener lo que nos beneficia.

A cambio de ello, nosotros Le desobedecemos y no Le escuchamos y actuamos en contra de aquello que provoca Su satisfacción. ¡Que gran opresión cometemos!

El resultado de esa rebelión contra el Señor de los mundos se traduce inevitablemente es opresión contra nosotros mismos sin que a Él le alcance el menor daño. No podemos escapar a Su control y gobierno. Para Él es igual si somos idólatras o monoteístas, conozcamos a Dios o creamos en la purificación del alma, a Él pertenecemos.

Si somos incrédulos o politeístas, a nosotros mismos nos perjudicamos, ya que:

En verdad, Dios no tiene necesidad de nadie ni de nada de lo que existe en el Universo.

No tiene necesidad de nuestra adoración , de nuestra pureza, de nuestro sometimiento.

Si le desobedecemos, adoramos falsos dioses junto a Él o mantenemos dos caras y una doble moral, no dañamos Su poderío en lo más mínimo. Pero, debido a que Él es el «más misericordioso de los misericordioso» (Arhama ar-Rahimín), en Su infinita misericordia y Su ilimitada sabiduría nos ha enseñado cuál es el camino correcto y cuál el equivocado, donde está la belleza y donde la fealdad y nos ha advertido de los peligros y dificultades que se encuentran en el sendero hacia la perfección humana y la verdadera felicidad.

Dios Altísimo, con esa guía y orientación, e incluso con nuestros actos de adoración, nuestros actos de purificación y de sometimiento, nos ha otorgado un favor inmenso, cuya importancia no podremos llegar a comprender mientras los ojos de nuestra visión interior no se abran y no alcancemos a vislumbrar el mundo intermedio que existe entre ambos mundos.

Mientras permanezcamos en este mundo estrecho y oscuro y sometidos a las limitaciones del espacio y el tiempo no podremos percibir con claridad la ilimitada grandeza divina ni imaginar en nuestros actos de adoración y purificación el gran favor que Dios nos ha hecho al otorgarnos tal guía y orientación.

No se te ocurra suponer que nosotros hacemos algún favor a los grandes profetas y a los santos de Dios o a los sabios de la comunidad que nos han guiado y nos guían hacía la felicidad y la pureza y nos salvan de la ignorancia, las tinieblas y la desgracia y nos han invitado al mundo de la luz, la felicidad y la grandeza, soportando todo tipo de dificultades para poder educarnos y salvarnos de las tinieblas que acompañan inevitablemente a la falsas creencias y a la ignorancia compuesta y de los castigos y presión que acompañan a los hábitos y a los comportamientos viciosos.

Ellos han procurado y procuran salvarnos de las odiosas formas e imágenes de pesadilla que en el otro mundo adoptan nuestros malos actos y hacernos alcanzar unas luces, alegrías, paz y tranquilidad que no podemos llegar a imaginar.

Este mundo terrenal, con toda su grandeza, es tan pequeño en comparación con el otro que no cabe en él ni una sola de las mansiones del Paraíso. Nuestros ojos no tiene capacidad para ver un solo cabello de los seres celestiales de grandes ojos (hur ul-ain), todo ello formas celestiales que adoptan las creencias, la moral y los actos a los cuales nos han invitado los grandes profetas y en especial el dueño del discernimiento universal y del mandato global, el sello de los profetas, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia purificada.

Ellos, gracias a la inspiración divina, han percibido, visto y escuchado esas verdades y nos han invitado a participar de ellas, pero nosotros, pobres desgraciados, como niños que, no solo se niegan a obedecer a las gentes juiciosas, sino que las denigran, nos comportamos con ellos siempre con rebeldía, enfrentándoles y discutiéndoles, mientras que esas almas puras y llenas de certeza y esos espíritus buenos, debido a la conmiseración y misericordia que han tenido con los siervos de Dios, jamás han cesado de invitarnos a seguir ese camino a pesar de nuestra ignorancia, llevándonos a la fuerza o de buen grado hacia nuestra felicidad y hacia el Paraíso, sin pedirnos a cambio de ello salario o recompensa.

Cuando el noble Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, limita su recompensa a que «améis a mi familia» es posible que la forma que ese amor y afecto adopte en el otro mundo sea la más luminosa de todas las formas y, también, para nuestro propio beneficio y para hacernos llegar a la felicidad y a la misericordia.

Por lo tanto, la recompensa por habernos traído el mensaje divino es a nosotros a quien nos beneficia. Nosotros, pobres desgraciados, ¿Cómo podemos favorecerles a ellos? ¿Qué beneficio les reporta ellos nuestra purificación y las virtudes que seamos capaces de obtener? ¿Qué favor hacemos nosotros o ustedes a los sabios de nuestra comunidad? Estamos en deuda con cada uno de los seres que nos ha guiado al buen sendero, desde esa persona que explica las cuestiones de la ley islámica, pasando por el noble Profeta y llegando a la Esencia Sagrada de la Verdad, ensalzada sea Su majestad, cada cual en su nivel y posición espiritual y no podremos pagarles en este mundo ni siquiera una parte de esa deuda. Este mundo no es el lugar adecuado para pagar esa deuda: Es a Dios y a Su Mensajero y a Su amigos a quien se debe estar agradecidos.

Tal y como Dios Altísimo ha dicho:

No penséis que me habéis hecho un favor abrazando el Islam. Es Dios Quien os ha hecho un favor a vosotros guiándoos a la fe, si es que sois sinceros.

En verdad, Dios conoce lo que está oculto a los sentidos en los cielos y en la Tierra y Dios ve claramente lo que hacéis.

Por lo tanto, si, cuando proclamamos nuestra fe en Dios, fuésemos sinceros, esa misma fe que proclamamos sería un favor que Dios nos hace. Dios ve el mundo que está oculto a los sentidos, por lo tanto conoce las formas que revisten en él nuestros actos y cómo son la forma de nuestra fe y de nuestro Islam en el mundo oculto a los sentidos. Nosotros, pobres, como no tenemos información de la realidad, buscamos el conocimiento en los sabios y pensamos que les estamos haciendo un favor, Creemos que cuando seguimos al doctor de la ley más sabio le hacemos un favor, cuando la realidad es que son ellos quienes nos hacen un favor a nosotros, aunque no lo sepamos. Así, esa comprensión equivocada de quién favorece a quién, destruye nuestras buenas acciones y nos envía a Siyyín.

Segundo nivel

Consta de dos partes

Primera parte

Has de saber que la ostentación en este nivel aunque no reviste la misma intensidad que en el primer nivel, si la persona hipócrita no presta atención a las advertencias y se comporta de la misma manera de forma reiterada, es muy posible que termine padeciendo la ostentación propia del primer nivel.

Ya hemos dicho en la explicación del primer hadíz que en la otra vida es posible que la persona adopte otra forma diferente a la que tenía en este mundo y que esas formas están en consonancia con los atributos del alma y son esos mismos atributos.

Si tú posees los atributos propios de un buen ser humano, esos atributos te proporcionarán en el otro mundo forma humana, siempre y cuando puedas ser caracterizado por ellos y no te hayas apartado del camino de la moderación y el equilibrio. Los atributos que poseemos pueden ser considerados buenos cuando el alma egoísta (nafs al-ammara) no interfiere en ellos y el ego no juega ningún papel en la formación de los mismos.

Nuestro maestro y guía, Shayj Ayatolá Shahabadí, quiera Dios alargar la sombra de su vida, decía que la manera de sopesar la práctica mundana frente a la práctica espiritual correcta era prestando atención al grado en el que el ego estaba implicado en esta última.

Si el viajero espiritual (Sálek) se mueve impulsado por el ego y sus prácticas espirituales están dirigidas a obtener poder personal, sus esfuerzos serán en vano y su viaje espiritual estará llamado a tener un mal final. Las falsas proclamas espirituales surgen de ese tipo de personas.

Pero si el viajero espiritual realiza su senda espiritual impulsado por su amor a la verdad y a Dios, sus esfuerzos y prácticas serán conformes a la verdad y a los mandatos religiosos y la Verdad Altísima le tomará de la mano, conforme deja establecido el noble versículo que dice:

Y a quienes se esfuerzan por Nosotros, ciertamente, les guiaremos a Nuestros caminos.

Por tanto, su esfuerzo finaliza felizmente. Su ego ha caído y su egoísmo se ha alejado de él.

Es evidente que aquel cuyos buenos atributos espirituales y su buen comportamiento están dirigidos a ser visto por la gente y a obtener de ellos una buena opinión, se mueve a impulsos del ego. Y la buena opinión que de sí mismo tiene, y su egoísmo es pura egolatría y, por tanto, su amor a Dios y su buena opinión de Dios son puras fantasías, vanas e imposibles.

Mientras que el territorio de tu existencia este ocupado por el amor propio, el amor por la posición y la majestad, la fama y la preeminencia sobre los siervos de Dios, tus atributos no pueden ser considerados buenos, ni tu moral espiritual y divinamente orientada. Satanás es quien actúa en tu territorio y tu imagen interior y en la otra vida no es humana y cuando abras tus ojos a la realidad del otro mundo, verás que tu imagen no es la de un ser humano, sino, por ejemplo, la de uno de los demonios.

Para un corazón así habitado por Satanás, es imposible alcanzar un conocimiento espiritual y una compresión correcta de la Unidad divina. Y, mientras tu otra vida no sea humana y tu corazón no esté limpio de estos egoísmos y desviaciones, no será el hogar de la Verdad Altísima.

Como Dios mismo nos ha hecho saber en una transmisión relatada por el ángel Gabriel (hadíz qudsí):

Mi Tierra y mi cielo no pueden contenerme, pero Me contiene el corazón de Mi siervo creyente.

Ocupando el corazón del creyente. La verdad no el ego. Es el Amado el que opera en su existencia, Quien es el corazón del creyente. No es él mismo, no es ya disoluto. Cómo se recoge en un hadíz:

El corazón del creyente está entre los dedos del Misericordioso, Quien lo transforma como quiere.
La mano del Misericordioso se adueña del territorio de su corazón y los cambios y transformaciones que en él se operan es Dios mismo quien los opera.

¡Oh desgraciado! Tú que eres siervo de tu ego y que tienes el corazón ocupado por Satanás y por la ignorancia y que has impedido que sean las manos de Dios las que obren en él ¿Qué tipo de fe posees para que pueda ser el lugar en el que Dios se manifieste y gobierne absolutamente?

Debes saber que, mientras permanezcas en tal estado y el vicio del egoísmo esté en ti, no crees en Dios y sigues la senda de los hipócritas, aunque te creas que estas sometido a Dios y tienes fe en Él.

Segunda parte

Por tanto ¡Oh querido! Despierta y sácate de los oídos los algodones del descuido y de tus ojos la somnolencia de la desatención y sabe que Dios Altísimo te ha creado para Él. Tal y como se ha recogido en una tradición (Hadíz qudsí), Dios ha dicho: ¡Oh hijo de Adán! He creado las cosas para ti y te he creado a ti para Mí.

Y he hecho de tu corazón Mi morada. Tú y tu corazón son dos de los honores divinos.

La Verdad Altísima es celosa de aquello que Le honra, por tanto, no veles aquello que honra a la Verdad Altísima. No tienes permiso para ello. Teme el celo de Dios Altísimo que puede hacerte tan desgraciado en este mundo que no podrás hacer nada para remediarlo.

Si tú rompes en tu mundo angelical y ante la presencia sagrada de los ángeles y los grandes profetas el velo del honor divino y el noble comportamiento, mediante los cuales los amigos de Dios se asemejan a Él y te rindes ante otro que no es la Verdad Altísima, entregando tu corazón al enemigo de la Verdad y poniendo a otros junto a Dios en tu interior angelical, teme por ello que la Verdad Altísima, además de romper el velo de tu mundo angelical y de deshonrarte ante los grandes profetas divinos y los ángeles querubines, también te deshonre en este mismo mundo y te condene a un deshonor imposible de compensar y rompa tu protección de manera irremediable. La Verdad Altísima es «El que vela» pero también es «El celoso». Él es «El más misericordioso de los misericordiosos»pero también «El más severo de los que castigan». Cubre tus actos mientras no te extralimites. Es posible, Dios no lo quiera, que la gravedad de tus faltas provoque Su enfado y Su celo sea mayor que Su velo, tal como has escuchado en un noble hadíz.

Por tanto, vuelve en ti y vuélvete a Dios y dirígete hacia Él, pues Dios Altísimo es misericordiosísimo con los creyentes y siempre encuentra una excusa para mostrar Su misericordia. Si te vuelves a Él pide que te perdone y cubra tus faltas pasadas y que no deje que nadie las conozca y que te otorgue Su distinción y un comportamiento noble y que haga de ti un espejo de Sus atributos y que haga que tus deseos se realicen en el otro mundo de la misma manera que Su propios deseos se cumplen en todos los mundos.

Tal y como se encuentra recogido en el hadíz, cuando la buena gentes sea instalada en el Paraíso llegará a ellos un mensaje de Dios diciendo: «Este es un mensaje que procede del que vive eternamente y no muera para quien vivirá eternamente sin morir. Yo doy vida a cuanto quiero. Le digo «Sé» y es. Y he decretado para ti que digas a una cosa «Sé» y ella sea.

Por tanto, no seas tan orgulloso y rinde tu voluntad ante la Verdad. Entonces la Sagrada Esencia hará que seas el lugar en el que Su voluntad se epifaniza. Te dará poder para que intervengas en Sus asuntos y pondrá bajo tu control en el otro mundo la capacidad de crear.

Ese es un poder diferente al libre albedrío, que es un concepto equivocado, como veremos en su momento.

Si ¡Oh querido! Tú, por naturaleza, tienes el poder de elegir esto o aquello. Dios Altísimo no necesita de nosotros ni de toda la creación, ni tiene necesidad de nuestra pureza ni de la pureza de todo lo que existe en el mundo.

Tercer nivel

Consta de varias partes

Primera parte

Debes saber que la «ostentación» en este nivel es mayor y está más extendida que en otros niveles, ya que nosotros, los seres humanos, no somos una especie que pertenezca a esos dos niveles anteriores.

Por esa razón, Satanás no llega a nosotros por ese camino. Pero, puesto que la mayoría de las personas que adoran a Dios lo hacen mediante la oración y los rituales formales, es en este nivel donde Satanás mayormente actúa y donde las intrigas del ego son mayores.

Dicho de otra manera: Puesto que la especie humana posee el Paraíso terrenal y físico de las acciones y mediante la realización de buenas acciones y el abandono de las malas obtiene las moradas espirituales de la otra vida, Satanás penetra por esa misma vía, alimenta las raíces de la ostentación en los actos de la persona hasta que a ésta le brotan ramas y hojas, transforma sus buenas acciones en malas y por la senda de sus actos de adoración y de los ritos le hace entrar en el Infierno y las mismas cosas con las que quiere construir su vida futura las utiliza para destruírsela y hace que precisamente por aquellas cosas que pertenecen al más alto de los cielos (Iliyín) Dios Altísimo ordene a los ángeles que le lleven al Infierno (Siyyín).

Por tanto, aquellas personas que únicamente poseen esa dimensión y no tienen otra manera de acercarse a Dios que mediante la realización de sus actos formales de adoración, deben tener muchísimo cuidado para que, Dios no lo quiera, este asunto se escape de sus manos y se transforme totalmente en algo infernal, privándoles de su camino hacia la felicidad, las puertas del Paraíso se cierren ante ellos y se abran para ellos las del Infierno.

Segunda parte

Cómo darse cuenta de la ostentación

Sucede con frecuencia que la persona ostentosa no se de cuenta que sus actos están impregnados de ostentación y son vanos, debido a que las astucias de Satanás y del ego son tan precisas y sutiles y la senda de la condición humana es tan estrecho y oscuro que hasta que la persona no alcanza un discernimiento completo no es capaz de comprender que es exactamente lo que ha hecho. Él supone que sus actos son para Dios, pero son para Satanás. Como el ser humano ha sido creado de tal manera que se ama a sí mismo, el velo de su egoísmo no le permite ver sus propios defectos.

Es posible, si Dios quiere, que podamos ver algo de esto mientras comentamos algunos hadices.

A Dios Altísimo nos volvemos pidiendo éxito.

Por ejemplo, la adquisición de conocimientos religiosos, que es una de las más importantes obligaciones y de los actos de adoración. A veces, la persona que se dedica a esa importante forma de adoración cae inadvertidamente en la ostentación sin siquiera darse cuenta de ello, por culpa de ese espeso velo que es el amor propio.

Esa persona desea resolver, ante los sabios, directores y honorables personalidades, algún problema importante de la legislación islámica de una manera que hasta ahora nadie haya hecho, distinguiéndose de esa manera por su inteligencia. Cuanto mejor explica el problema y más sorprende a sus interlocutores, más feliz se siente y si alguno de ellos polemiza con él, desea vencerle a toda costa y avergonzarle frente a todos los presentes y dejar sus palabras, da igual si son ciertas o falsas, completamente desacreditadas. Si lo logra, percibe en sí mismo una clase de coquetería superioridad. Si alguna de las autoridades académicas apoya sus palabras, piensa: «luz sobre luz» (nur ala nur).

El pobre desgraciado ignora que, incluso si en este mundo obtiene fama y posición ante los sabios y las personalidades, ante Dios, Señor de Reino, ha perdido todo y su comportamiento le lleva, por orden de la Verdad Altísima, directamente al Siyyín.

Además de ello, ese comportamiento ostentoso va mezclado con algunos otros pecados más. Por ejemplo, avergonzar y humillar a sus oponentes e insultar a otros creyentes, molestar a un hermano en la fe, algunas veces, tratar con impertinencia y difamar a un creyente. Cada uno de los cuales es suficiente para enviar a una persona al infierno.

Si tu ego no te permite ver tus fallos y te dice: mi intención es aclarar un punto de la legislación islámica y manifestar la verdad, lo cual es una de las mejores formas de adoración, y no manifestar superioridad y notoriedad, debes preguntarte a ti mismo: Si hubiese sido un amigo mío con mi mismo nivel de conocimientos el que hubiese expuesto este problema y me hubiese derrotado ante tus interlocutores ¿Me sentiría igual que me siento ahora? Si así fuera, querrá decir que eres sincero en esta polémica.
Pero si, sigue echando mano de trampas y subterfugios, y te dice: «Puesto que manifestar la verdad es un acto distinguido y recompensado por Dios, yo quiero alcanzar esa distinción y obtener la recompensa divina.» Debes decirle: «Si, imaginemos, Dios te otorgase esa misma distinción aunque fueras vencido en el debate y te sometieses a la verdad ¿Seguirías entonces tratando de salir vencedor? Y si, al mirar en tu interior, llegas a la conclusión de que, a pesar de ello, quisieras ser el vencedor del debate y obtener fama y honores ante los sabios y las autoridades académicas y que con todo este debate intelectual lo que pretendías era ganarte sus corazones, debes saber que en este debate intelectual, que es uno de las mayores actos de obediencia y adoración a Dios, tu actúas por ostentación y que, conforme al hadíz recogido en Al-Kafí, es un acto del Siyyín y tu eres una persona que adora, junto a Dios, a otros falsos dioses (mushrik). Lo que has hecho ha sido por amor a la posición y a los honores y, que tal como dice el hadíz, tienes más necesidad de fe que un rebaño atacado por dos lobos tienen de un pastor.

Así que, tú, que eres un intelectual y tienes la obligación de corregir aquello que esté mal en la comunidad, de orientarles para la otra vida y curar sus enfermedades espirituales, debes necesariamente corregirte a ti mismo primero y mantener sano tu espíritu para no ser uno más de los sabios sin obras, cuyo estado es bien conocido.

¡Oh Dios! ¡Limpia nuestra alma de idolatría e hipocresía! ¡Limpia el espejo de nuestro corazón del amor por las cosas mundanas que son la fuente de todos estos defectos! ¡Acompáñanos siempre! ¡Toma nuestra mano, pobres desgraciados, siempre aquejados de deseos apasionados y de amor por la posición y los honores, en este viaje lleno de peligros y de accidentes, de curvas complicadas, de inmadurez, estrechez y oscuridad! ¡Oh Tú que tienes poder sobre todas las cosas!

Y, uno de los grandes actos de adoración del Islam es la oración colectiva. En ella, el honor de quien la dirige es mayor que el de quienes rezan tras él. Por ello, Satanás penetra más en ese importante acto de adoración que en otros y ataca a quien dirige esa oración con mayor intensidad, intentando alejar de él ese honor y desviar ese acto puro para convertirlo en otro merecedor del Siyyín y transformarle en alguien que adora junto a Dios a otros falsos dioses.

Por ello, entra en los corazones de algunos de los que dirigen las oraciones colectivas, utilizando para ellos diversos caminos.

Por ejemplo, el orgullo (uchb), del que, si Dios quiere, hablaremos más adelante, y la ostentación, es decir el lucimiento ante los demás de esta gran forma de adoración, para conseguir el afecto de sus corazones y fama y honores.

Por ejemplo, ve que tal persona santa está presente en la oración colectiva y, para llamar su atención y obtener su admiración, hace ostentación de su humildad de diferentes maneras y en las reuniones, para hacer comprender a los que no estuvieron presentes su importante posición, menciona la presencia de esta santa persona en las oraciones colectivas que el dirige o hace de manera que eso se sepa. En su propio corazón siente un amor por el hecho de que esa persona acuda a las oraciones que él dirige y manifiesta hacia él un amor y una amistad como ni por un momento en toda su vida ha manifestado por Dios y Sus santos. Especialmente si es un respetable comerciante. Y, si Dios no lo quiera, una de esas nobles personas deja de participar en las filas de la oración colectiva, se convierte para él en la mayor desgracia.

Satanás tampoco se desentiende de quien dirige las oraciones de un apequeña comunidad. Va junto a él y le sugiera que haga comprender a la gente que él ha pasado de las pompas mundanas y se ha retirado a una pequeña mezquita para estar con los pobres y los oprimidos. Es, por tanto, lo mismo que el otro o peor, ya que su corazón padece, además, el vicio de la envidia. No teniendo nada en este mundo, se priva también de las bendiciones del otro y fracasa en esta vida y en la otra.

De la misma manera, Satanás tampoco aparta su mano del cuello de gente como tú o yo, que no tenemos ningún ascendiente en la comunidad y que lamentamos no poseer medios para ello. Nos hace dudar del beneficio de las oraciones colectivas y nos aparta de ellas y encontrarlas llenas de defectos. Nos hace presentar nuestra ausencia de las oraciones comunitarias como una evidencia de nuestro alejamiento de las cosas mundanales y del amor a la posición social y la fama. En ese caso, somos peores aun que esos dos tipos de personas mencionados anteriormente. Ni disfrutamos de la posición superior absoluta en este mundo del primer grupo, ni de la superioridad relativa del segundo, ni tampoco de beneficios en la otra vida. Y, si tuviésemos la oportunidad, demostraríamos que tenemos más deseos de posición social y más amor por los honores y las riquezas que esos dos tipos de personas.

Satanás no tiene suficiente con el imam de la oración colectiva: los fuegos de sus deseos no se han calmado con haberle convertido en una de las personas destinadas al infierno. Penetra entre las filas de quienes rezan tras él. La primera fila, como posee mayor honor que las siguientes, se convierte en el objetivo de sus afanes.

Saca a ese pobre hombre santo de su alejado hogar y le indica que se siente en primera fila a la derecha del imam y le susurra que evidencie su posición de honor ante los ojos de los demás. Este pobre desgraciado que no ha comprendido como está siendo manipulado, trata por todos los medios de manifestar ante los demás su distinguida posición. Evidencia su politeísmo interno y envía su obra al Siyyín.

Desde ahí se dirige al resto de las filas. Con artimañas y sugerencias mentirosas les hace poner su atención en este pobre bendito de la primera fila y le convierte en sujeto de sus burlas e imprecaciones, haciendo que ellos mismos de consideren libres de tales defectos.

A veces, es posible observara un respetable individuo, especialmente si es de la gente honorable y de conocimiento, al que Satanás ha tomado de la mano y ha situado en la última fila para hacer entender que, a pesar de que él, con esa posición de la que disfruta, no debería rezar al lado de esta gente, se ha desprendido tanto de las vanidades y de los deseos mundanos que puede sentarse en la última fila sin problemas. A algunos individuos de estos no los encontraréis siquiera en la primera fila.

Satanás, no se contenta con el imam de la oración y con los que rezan tras él. Se pega a las barbas de cualquiera, le arrastra del mercado o de su casa y le lleva hasta una esquina de una alfombra de la mezquita. Como es una persona que no considera justo a ningún imam, ante el resto de la gente realiza una oración de inclinaciones, prosternaciones y súplicas prolongadas. En su fuero interno desea hacer entender a la gente que él es una persona tan santa y prudente que no reza en congregación para evitar participar en los pecados de la persona injusta que la dirige. Además de ser una persona ostentosa y engreída, no tiene ni idea de las disposiciones de la ley islámica.

No se sabe si la autoridad religiosa (marya-e taqlid) que este hombre más que bueno sigue, pone como condición para ser seguido manifestar una apariencia dura, pero a él esto no le concierne, porque si ha salido de su casa para ir a la mezquita es para que la gente le vea hacerlo.

El resto de nuestras acciones, se encuentran igualmente bajo control de Satanás. Este maldito hace su casa de cualquier corazón turbio que encuentra y quema las acciones manifiestas e íntimas y nos lleva del camino de los buenos actos al infierno.

Tercera parte

Una invitación a la pureza

Por lo tanto ¡Oh querido! Debes poner atención en tus actos, sopesar tu ego en cada uno de ellos y, ante cada nuevo acontecimiento que te surja, analiza si lo realizas para obtener algo bueno y es un acto noble o para qué es. ¿Para qué quieres preguntar por la oración de la noche? ¿Para qué quieres conocer cuáles son las súplicas que se recitan en ella? ¿Es para Dios que quieres saber esas cuestiones o quieres hacer ver que estás interesado en ellas? ¿Por qué le haces saber a todo el mundo que has ido en peregrinación a un lugar sagrado y cuántas veces? ¿Por qué no te quedas satisfecho de la limosna que has dado sin que nadie lo sepa y tienes que hablar de ello sea como sea y hacer ostentación de ello ante los demás? Si lo has hecho para Dios y quieres que los demás hagan lo mismo, siguiendo la máxima «Guiar a los demás al bien es lo mismo que hacerlo», está bien que lo manifiestes. Da gracias a Dios por poseer esas buena cualidades y ese corazón puro. Pero ten cuidado para que en el debate con el alma no caigas en las trampas de Satanás y te creas que un acto hecho para que los demás lo vean es una acción pura y santa.

Y si no es para Dios no aceptes manifestarlo y dite «esto es para que los demás lo sepan y pertenece al árbol maldito de la ostentación. Dios no lo acepta y ordena que sea enviado al Siyyín.

Hemos de buscar refugio en Dios de las trampas del ego, pues sus trucos son muy sutiles. Debemos saber que, en general, nuestras acciones no son puras. Si fuésemos siervos puros de Dios, entonces ¿Por qué Satanás posee tanto control sobre nosotros a pesar de que él mismo ha aceptado ante su Dios que no podrá con Sus siervos puros (ibad ul-lahi al-mujlisín) y que no alargará su mano hacia ellos debido a la sinceridad de su santidad?

En palabras de mi respetable maestro, quiera Dios alargar su sombra, Satanás es el perro guardián de la corte divina. No ladra a quien es conocido de Dios ni le molesta, igual que el perro de una casa no molesta a los conocidos del amo. Satanás no permite entra en la casa a quien no es conocido de Dios. Por tanto, si ves que Satanás te molesta, debes saber que la causa es que tu acto no tiene una base pura y no es únicamente para Dios. Si eres puro ¿Por qué no fluyen las fuentes de la sabiduría desde tu corazón hacia tu boca? cuando el hadíz recoge que: «Las fuentes de la sabiduría fluyen del corazón a la boca de quien se mantiene puro para Dios durante cuarenta días.»
Por lo tanto, debes saber que nuestros actos no son para Dios y no nos damos cuenta, para nuestra propia desgracia.

¡Ay! de la gente obediente a Dios, dedicada a la adoración, que acude a la oración del Viernes y a las oraciones colectivas y estudia los asuntos propios de la religión y que, cuando abre los ojos a la otra vida el Día del Juicio, se encuentra entre la gente de grandes pecados o peor aun, entre los que no tienen fe y los idólatras y ve que el libro de sus acciones está completamente negro.

¡Ay! Del estado de quien entra con sus oraciones y actos de adoración en el infierno.

¡Que Dios nos proteja de ser de aquellos cuyas limosnas y sus oraciones adoptan en la otra vida formas más horrorosas de lo que podamos imaginar!

¡Pobre de ti que adoras varios dioses! Dios, en Su misericordia, perdonará, si Él quiere, los pecados de quien solamente cree en Él, pero ha dicho que no perdonará los pecados de quienes han vivido adorando otras cosas, si mueren sin haberse arrepentido de su idolatría.

Tal y como has escuchado, en un noble hadíz se recoge: «Quien hace ostentación de sus obras es un idólatra.» Quien hace ostentación de sus prácticas religiosas, de su obediencia a los Imames, de sus estudios religiosos, de su formación religiosa, de sus ayunos, de sus oraciones y, en definitiva, de sus buenos actos, es un idolatra, es un politeísta. (mushrik) Y, conforme a lo relatado de los Imames purificados, las bendiciones de Dios sean con ellos, y conforme a lo recogido en el mismo Corán, no serán perdonados por Dios.

Así que, ojalá seas una persona que comete grandes pecados, corrupta y culpable de actos prohibidos, pero creyente en Dios, antes que alguien que adora junto a Dios a otras cosas.

Ahora ¡Oh querido! Reflexiona y busca un remedio para curar tus enfermedades espirituales y sabe que la fama ante las gentes no es nada y que sus corazones, que son un pequeño trozo de carne que apenas dejaría satisfecho el apetito de un pájaro, no tienen poder ni capacidad para nada. Son criaturas débiles e impotentes El poder verdadero se encuentra en la Santidad del Señorío, en el Agente Absoluto y Causa de todas las causas. Él es la Esencia Sagrada. Si todas las criaturas juntaran sus esfuerzos para crear un simple mosquito, no podrían conseguirlo y si un simple mosquito les pica no podrán impedirlo.

El poder está junto a Dios Altísimo. Él es quien lo ejerce sobre toda la creación. Pon todo tu esfuerzo para escribir en tu corazón con la pluma de la razón «Sólo Dios tiene poder sobre toda la creación.»

Graba en tu corazón de cualquier manera «la unidad de la acción divina» (tauhid-e fe‘elí), que es el primer grado de la unidad y unicidad divinas y cree y ríndete ante esta sentencia bendita y graba este noble sello en tu corazón: «La ilaha il lal lah» (No hay más dios que Dios) y haz que la imagen de tu corazón sea la imagen de esa sentencia que expresa la unidad y unicidad divina y hazle llegar a la posición espiritual de «la certeza» (Itminán). Hazle comprender que los seres humanos no tiene poder para beneficiarle o perjudicarle. Dios es Quien beneficia y perjudica. Elimina de tus ojos esa ceguera, para que no tengas que temer ser de aquellos que el Día del Juicio Final digan «¡Dios mío! ¿Por qué me resucitas ciego, si yo veía?»

La voluntad divina está por encima del resto de las voluntades. Si el corazón tiene certeza de esta sentencia bendita y se ha rendido a esa creencia, existe esperanza de que puedas cumplir tu misión y arrancar de tu corazón las raíces de la idolatría, la ostentación, la incredulidad y la hipocresía.

Y sabe que esa creencia está en conformidad con lo que dicen la razón y las disposiciones religiosas y que no hay en ello la menor sospecha de determinismo (yabr). Es posible que algunas personas que desconocen los fundamentos y principios que rigen esto lo califiquen de determinismo, pero no tiene nada que ver con el determinismo. Es creencia en la unidad y unicidad divina, de la esencia, de los atributos y de los actos (tauhíd), el determinismo es politeísmo. Es guía, el determinismo es extravío.

No es éste lugar para explicar lo que son el determinismo (yabr) y el decreto divino (qadr), pero para la gente que tiene conocimiento de ello lo que expongo es un asunto claro y los que no tienen conocimiento de estas cuestiones no tienen derecho a opinar sobre ellas. El Mensajero de Dios nos ha aconsejado no entrar en esos temas.

En cualquier caso, pide a Dios en todo momento, especialmente cuando estés meditando en soledad, con toda humildad, que te guíe hacia la luz del tauhíd. Que ilumine tu corazón con un rayo de lo que está oculto a los sentidos. Que te otorgue una visión y una adoración que te permita comprender la insignificancia de todo lo que existe en el mundo, de todas las cosas. Pide con toda humildad a la Esencia Sagrada que purifique tus actos y que te guíe al camino de la pureza y la devoción. Y si consigues experimentar un estado espiritual, ruega por este siervo débil, que ha gastado su vida en vanos deseos ajenos a cualquier propósito real y su corazón enfermo y pecador es de tal modo que ningún consejo, ni versículo coránico, ni hadíz profético, ni prueba ni argumento, hacen efecto en él. Quizás, gracias a tu súplica encuentre el camino de la salvación, ya que Dios no aparta de su lado al creyente y acepta sus súplicas.

Después de recordar este asunto, que tú ya conocías y que no supone decir nada nuevo, presta un momento de atención a tu corazón y evalúa tus actos y comportamientos, tus movimientos y pausas, y analiza los sentimientos ocultos en tu corazón y saca la cuenta precisa de todo ello, como la gente de este mundo le pide cuentas a su socio. Abandona cualquier acto del que sospeches que es realizado por ostentación, por mucho que sea un acto noble en sí mismo. Incluso si ves que no eres capaz de realizar tus actos de adoración obligatorios en público de manera pura, realízalos en la soledad, a pesar de que sea recomendable realizarlos con la comunidad.

En realidad, la ostentación en los aspectos obligatorios de las oraciones y otros actos de adoración es algo que se da poco. Se da más en los aspectos particulares y recomendables (Mustahabat). De cualquier forma, limpia tu corazón, con sinceridad absoluta y gran esfuerzo, de la mancha del politeísmo, no sea que, Dios no lo quiera, marches de este mundo con ese estado de actos deplorables y no haya para ti esperanza de salvación de manera alguna y Dios bendito y ensalzado esté disgustado contigo.

Tal y como se recoge en un noble hadíz citado en la obra Wasail ash-shia, con una cadena de transmisión fiable, Emir al-Muminín dijo que el Mensajero de Dios dijo: «Quien hace gala ante las gentes del comportamiento que agrada Dios y en secreto manifiesta los atributos que a Dios desagradan, se encontrará con el enfado y la ira de Dios el Día del Juicio.»

Existen dos posibles interpretaciones de este noble hadíz. Una se refiere a la persona que ante los demás realiza buenas acciones, mientras que cuando no es visto realiza malas acciones. Otra que se refiere a la persona que realiza en público actos meritorios pero internamente lo hace por ostentación. En ambos caso guarda relación con la ostentación, ya que la realización de los actos de adoración obligatorios, si no es por ostentación, no es objeto de la ira divina. Probablemente, la segunda interpretación del hadíz es la más acertada, ya que realizar malos actos abiertamente es algo de mayor gravedad. De cualquier manera, Dios no quiera que el Señor del reino, el Más misericordioso de los misericordiosos, se disguste con un ser humano. Me refugió en Dios de la ira del Muy condescendiente.

Cuarta parte

Explicación de una tradición de Imam Ali

Queremos terminar la explicación de este nivel de ostentación con un noble relato, recogido en Al-Kafi, del Maestro de los temerosos de Dios, Emir al-Muminín, sobre es la paz. También ha sido recogido uno semejante y procedente de Su Santidad el Imam As-Sádeq, por Sheyj Sadúq, quiera Dios estar satisfecho de él. Es parte del testamente del noble Profeta para Emir al-Muminín, y dice: « Fue transmitido por una cadena que llega a Abu Abdel lah, As-Sadeq, quien dijo que Emir al-Muminín dijo: Las señales del que actúa por ostentación son tres: Se alegra cuando le ve la gente, es perezoso cuando está solo y desea que la gente le alabe por todo lo que hace.»

Como éste es un defecto que a veces se encuentra tan oculto que la misma persona no se da cuenta de él; lo tiene en su interior mientras cree que sus actos son puros; fueron descritas sus manifestaciones, de forma que la persona que lo padece pueda llegar a descubrirlo y ponerle solución.

La persona se da cuenta que, cuando se encuentra solo, no siente deseo de obedecer los mandatos divinos. Aunque cumpla con sus obligaciones de adoración debido a la costumbre y con gran esfuerzo, no lo hace con gusto y eso no le proporciona purificación ni pureza. Pero cuando está en la mezquita y en comunidad, realiza sus oraciones lleno de devoción, entusiasmo y presencia de corazón. Le apetece alargar sus genuflexiones y prosternaciones. Realiza los actos recomendables con belleza. Observa todas sus particularidades y condiciones.

Si la persona presta un poco de atención y se pregunta por la causa de ello, piensa que lo hace debido a su santidad. Se dice que disfruta más de ellos debido a que los actos de adoración poseen más valor cuando se realizan en la mezquita o en comunidad. Y si los hace fuera de la mezquita o de la comunidad, se dice que es recomendable prestar mayor atención a los actos de adoración cuando se está ante los demás para que los demás lo imiten y sientan mayor deseo por los asuntos religiosos. Se engaña por cualquier medio. Ese placer y alegría que siente no son sino la enfermedad misma de su corazón, que el pobre desgraciado padece y que a él le parece correcto y saludable, sin pensar para nada en la necesidad de curarle. Una enfermedad que a él le parece salud. Hay poca esperanza para él. El desgraciado, en su fuero interno quiere mostrar ante los demás sus acciones a pesar de que no pone la atención debida a ellas. Más aun, considera adoración lo que es pecado y difusión de las enseñanzas religiosas lo que no es sino autocomplacencia. ¿Por qué entonces a su ego le apetece mostrar siempre en público sus actos no obligatorios, cuando lo recomendable es realizarlos en la intimidad. Llorar de temor a Dios en las reuniones públicas le llena de alegría, pero en la intimidad sus ojos no se le humedecen por mucho que se esfuerce. ¿Cómo es que sólo siente temor de Dios cuando está ante los demás? En las «noches del poder», durante el mes de Ramadán, se escuchan sus profundos suspiros y lamentos en medio de los miles de asistentes. Reza cien ciclos (rakat), recita largas súplicas, como Yushón-e Kabír y sagír y lee varias partes (yuz) del sagrado Corán sin moverse de su sitio. No siente el cansancio. Pero si reza diez rakat en solitario se siente agotado y su espalda no aguanta más. ¿Si una persona realiza sus obras buscando la satisfacción de Dios, o para obtener Su misericordia, o por temor al Infierno, o por deseo de lograr el Paraíso, por qué ha de desear que cada cosa que hace reciba la alabanza de la gente? Sus oídos están pendientes de las lenguas de la gente y su corazón atento a ellos, para ver quién le elogia, quién dice de él lo santo que es, lo cuidadoso que es de cumplir sus obligaciones religiosas al principio de su tiempo y cómo cumple con los aspectos no obligatorios de la oración. ¡Qué hombre más cumplidor es el Hayyi! ¡Qué recto haciendo esto y aquello!

Si lo haces por Dios ¿Por qué ese amor por el exceso en las formas? Si son el cielo y el infierno los que te mueven a la acción, entonces ¿Qué significa ese amor por ser visto?
Por atención, porque ese amor pertenece al árbol maldito de la ostentación. Trata por todos los medios de ponerle barreras y corregirlo y purifícate si puedes de esa clase de amores.

Al hablar de este nivel de ostentación, debo llamar la atención sobre un asunto. Para cada uno de estos atributos del alma, tanto buenos como malos, existen numerosos niveles. Un grupo de los que adquieren buenas virtudes y se purifican de los vicios son los gnósticos y amigos de Dios. En ellos esto representa uno de los niveles que estamos describiendo. Para el resto de las personas, en función de la estación espiritual de cada uno, esta adquisición de buenos atributos y purificación de los defectos, que para el primer grupo es una adquisición parcial, es para ellos, de alguna manera una perfección. De la misma manera, existen características que, en la gente común, suponen cualidades, pero que entre los gnósticos y amigos de Dios suponen defectos. Por ejemplo, el ego de la gente común desea que sus buenas obras sean conocidas por los demás aunque su intención cuando las realizan no sea esa. Aman eso de manera espontánea. Ello no anula sus buenas acciones ni supone que sean politeístas o hipócritas. En cambio, si se da entre los gnósticos de Dios, supone una imperfección. Y en ellos implica politeísmo e hipocresía y la purificación del politeísmo y la eliminación de todos sus grados es la primera estación de los amigos de Dios. Para ellos existen otras estaciones que no es ahora el momento de mencionar, hasta llegar al grado de los Imames purificados, sobre ellos la paz, quienes dijeron: «Nuesttra adoración es la propia de almas más libres (ahrár), pues está motivada por el puro amor a Dios, no por el deseo de alcanzar el Paraíso ni por temor al infierno.»

Esa es una estación espiritual natural y el primer grado para los Imames. El nivel de su adoración es de un grado que nosotros no podemos llegar a imaginar.

Podemos comparar ese hadíz anterior que hemos mencionado, recogido de las cosas dichas por el Profeta y transmitido por Emir al-Muminín, las bendiciones de Dios sean con ellos y con su familia, con otro que Zurára recoge de Hadrat Abu Yafar, Imam Muhammad al-Baqer, sobre él la paz, que dice: «Relató Muhammad ibn Yaqub por una cadena de transmisión que llega a Abu Yafar, sobre él la paz. Dice : Le pregunté acerca de la persona que realiza una buena acción y otro lo ve y él se alegra de ello, y me dijo: No hay problema en ello. No hay nadie a quien no le guste que sus buenas obras sean conocidas. No hay problema siempre que no las realice únicamente para eso.»

Vemos como en uno de los dos hadices se considera la tendencia a realizar buenas acciones para ser visto una de las señales de la ostentación, pero en el otro se dice que sentirse contento de que los demás conozcan las cosas buenas que hacemos no supone problema. Ello se debe a que en cada caso se habla de personas que poseen diferentes niveles de creencia. Existen también otras consideraciones que se deben tener en cuenta, pero no entraremos ahora en ello.

«Sum‘at» consiste en contar a los demás lo bueno que uno hace para obtener el afecto de la gente y una buena reputación. Es parte del árbol maldito de la ostentación y por eso lo hemos mencionado en esta misma sección y no lo hemos tratado por separado.

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