El Islam en Colombia

No existe un estudio acerca del número de musulmanes en Colombia. Algunos cálculos generosos hablan hasta de 85.000. Sin embargo, estimativos de los investigadores, hechos con base en la información de miembros de las comunidades, les permitieron establecer una cifra de alrededor de 10.000 musulmanes en el país, de los cuales unos 1.500 estarían localizados en Bogotá.

Aunque Colombia también recibió la migración árabe de finales del siglo XIX, el bajo número de musulmanes no permitió el establecimiento de comunidades en las cuales se transmitieran los valores religiosos del Islam. Esto sólo fue posible a partir de mediados del siglo XX, cuando la continua migración permitió a algunos pensar en el establecimiento de lugares de oración.

En cifras, la comunidad más importante del país se encuentra localizada en Maicao, en el departamento de La Guajira. Allí, el flujo de libaneses atraídos por el comercio permitió la creación del Colegio Colombo Árabe “Dar al Arkam”, a mediados de los años ochenta, y la construcción de la mezquita “Umar Ibn al – Khattab”.

Parte de estos musulmanes son sunníes y también existe un buen número de chiítas; éstos han construido un lugar especial, la Husainiyya, para la conmemoración y celebracion de sus fechas religiosas. Debido a la importancia de esta comunidad, los centros islámicos que se han creado en años recientes en otras ciudades del Caribe, tales como Santa Marta, Cartagena, Barranquilla, Riohacha o Valledupar, han nacido de iniciativas de musulmanes de Maicao o reciben su colaboración.

Otros grupos de musulmanes existen en casi todas las ciudades importantes del país, aunque en la mayoría de sus casos su número es menor y su conformación reciente. Así, existen organizaciones musulmanas en Medellín, Pasto, Bucaramanga, Cali, Buenaventura, Armenia, Villavicencio y San Andrés, en donde existe otra mezquita de menor tamaño que la de Maicao.

En Buenaventura, el puerto de mayor importancia de Colombia sobre el Océano Pacífico, se halla una de las comunidades musulmanas más significativas del país. Esta importancia no está dada solamente por su tamaño, tercera tras las existentes en Maicao y Bogotá, sino que su existencia de casi cuatro décadas la convierte en un referente obligado en el estudio de la presencia del Islam en Colombia.

Por otro lado, la comunidad de musulmana de Buenaventura se diferencia de las restantes comunidades en Colombia, y aun en América Latina, en que está constituida totalmente por conversos al Islam o sus descendientes. Es decir, está conformada completamente por nativos. Incluso dentro del Islam colombiano, son la única comunidad predominantemente chiita del país. Sin embargo, la característica que a nuestro juicio es más interesante es que es la única comunidad musulmana del continente constituida en su totalidad por afro descendientes. Debido a esto, la forma en la que a nivel local los elementos étnicos y religiosos se mezclan e influyen mutuamente, hacen del chiismo de Buenaventura un caso singular.

Pese a esto, la comunidad no ha sido objeto de un estudio profundo, y salvo algunas anotaciones casi anecdóticas por parte de investigadores de la afrocolombianidad, no existe ninguna referencia ni mucho menos análisis acerca de la presencia del Islam en el occidente colombiano.

Si bien existen algunas huellas de presencia islámica en nuestro territorio desde inicios del siglo XVI, la presencia contemporánea de musulmanes se remonta a las migraciones árabes hacia Occidente, a finales del siglo XIX. Sin embargo, la constitución de verdaderas comunidades solo se dio a partir de los años setenta del siglo anterior, cuando de manera casi simultánea surgieron asociaciones islámicas en Buenaventura, Maicao y Bogotá.

Estas comunidades, que originalmente estaban conformadas (salvo el caso de Buenaventura) por inmigrantes, hacia mediados de los años noventa empezaron a sufrir un crecimiento importante en el número de musulmanes nativos. En medio de esta dinámica de crecimiento, los musulmanes se encuentran esparcidos por buena parte de la geografía nacional, existiendo organizaciones e instituciones en prácticamente cualquier ciudad importante. Así, desde las anteriormente mencionadas, el Islam se ha expandido a ciudades como San Andrés, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Bucaramanga, Cali, Pasto, Medellín y Pereira, por citar los sitios más importantes. Aunque según nuestros estimativos el número de musulmanes en Colombia sigue siendo bajo (0.04%), los cerca de quince mil representan un grupo dinámico y en expansión.

El contexto de Buenaventura:

Buenaventura es el puerto más importante de Colombia sobre el Océano Pacífico. Ubicado en el Valle del Cauca moviliza alrededor del 60% del comercio del país. Además de servir como centro de distribución para las demás poblaciones del Pacífico, la ciudad recibe ingresos por el turismo. Sin embargo, contrastando con los altos índices económicos, buena parte de la población vive en condiciones precarias y la falta de inversión social, sumada al conflicto armado y el narcotráfico, afecta de manera directa a sus casi 500.000 habitantes, contando a la población flotante, en su mayoría afrocolombianos. Una opinión común entre los bonaverenses es que a través del puerto se mueve la riqueza del país, pero nada se queda en la ciudad.

Historia de la comunidad:

El Islam llegó al puerto de manera particular. Debido a la relación establecida entre el orgullo negro y el elemento religioso, el mensaje de la Nación del Islam caló con fuerza en diversos lugares, no solo de Estados Unidos, sino incluso en América Latina y África, particularmente en los agitados años sesenta y setenta. Uno de estos lugares fue Buenaventura.

El hecho fundacional para el establecimiento de la comunidad fue la llegada de marineros, trabajadores de los barcos provenientes de Estados Unidos, pertenecientes al movimiento. Uno de ellos particularmente, llamado Esteban Mustafá Meléndez, afroamericano de origen panameño, se dedicó durante todo el tiempo que permanecía en el puerto en cada viaje realizado, a predicar acerca de la necesidad de reivindicar los derechos de los afrodescendientes. Este mensaje logró cierto éxito y para 1970 se establecieron las primeras reuniones de musulmanes colombianos. La dinámica del movimiento, junto a su ideología del orgullo negro, lograron la simpatía de la población del puerto, que por ese entonces no gozaba de ninguna posibilidad de integración al sistema de educación o mecanismos semejantes que les permitieran mejorar su calidad de vida.

Algunos miembros de la comunidad recuerdan:

El siempre llegaba en el barco… Daba charlas de un día, de unas horas, traía regalos y nuevamente se iba. Y les preguntaba si se habían reunido, porque decía que cuando volviera quería verlos unidos. Y así los fue concientizando y diciéndoles: la religión de ustedes es el Islam.

Unos años más adelante, gracias a un crecimiento casi exponencial, se lograron sentar las bases de la que sería la comunidad musulmana más antigua del país, con más de doscientos integrantes. Establecida en 1974, la Comunidad Islámica de Colombia fue la primera organización de musulmanes en lograr reconocimiento legal.

Si bien algunos llegaron incluso a viajar a estados Unidos en busca del “verdadero Islam”, otros buscaron en nuevas fuentes el conocimiento que les permitiera continuar con su nueva religiosidad, la cual se negaban a perder tan fácilmente. Así, durante los años ochenta algunos buscaron relacionarse con las comunidades de musulmanes sunitas de otros lugares del país o del exterior.

Sin embargo, el apoyo recibido fue, cuando no nulo, por lo menos tímido. La situación marginal de Buenaventura, unida a la desconfianza que producían en algunos sectores por su pasado filiación al movimiento de la Nación del Islam, llevaron que se les cerraran puertas. Por esta razón cuando desde Irán, en donde se había producido un cambio político que llevó a los sabios al poder, se recibieron las primeras muestras de ayuda, la comunidad decidió enfocarse en esta dirección. Por supuesto, el Islam dominante en Irán es el chiismo duodecimano, al cual pertenecen una décima parte de los mil cuatrocientos millones de musulmanes existentes hoy en el mundo. Dado que el propósito inicial de la comunidad era poseer sus propios líderes, el apoyo iraní se cristalizó en becas ofrecidas para que algunas personas realizaran estudios de profundización en Islam. Una de estas personas fue Carlos Valencia Potes.

Oscar Valencia, que adoptó al hacerse musulmán a sus 18 años el nombre islámico de Munir, tras finalizar sus estudios secundarios obtuvo una de las becas para estudiar islam en Argentina cuando tenía 22 años, en 1989. Un año después fue seleccionado para estudiar en la Sagrada Ciudad Qom, donde está ubicado uno de los más importantes seminarios teológicos, por excelencia, para los shias del mundo, en Irán, en donde recibió varios años de formación en ciencias islámicas, tras lo cual inicio un ciclo universitario. Concluyó sus estudios islámicos en 2000, cuando regreso a Colombia, asumiendo la dirección de la comunidad, fortaleciendo de paso el proceso que llevó a la comunidad al Shiismo. Bajo la dirección reciente del sheij Munir Valencia la comunidad ha logrado consolidarse, muestra de lo cual es la existencia de sus principales instituciones: La Mezquita y la Institución Educativa Silvia Zaynab.

La Mezquita, denominada Centro Cultural Islámico la Ciudad del Profeta, está ubicada sobre la avenida Simón Bolivar, una de las más importantes de la ciudad. Construida en el año 2000, actualmente posee una sala de oración, una biblioteca, cocina, sirve de sede apara una emisora musulmana virtual y tiene proyecto de ampliación en su segundo nivel.

El Instituto Silvia Zaynab, por su parte, ofrece educación desde el pre-escolar hasta básica primaria, a población de bajos recursos. Si bien el colegio existe desde 1981, la periodicidad en el pago de la pensión, unido a la paulatina disminución en el número de musulmanes, llevó a su cierre a finales de los años noventa. Fue cuando al sheij Munir se hizo cargo de la comunidad que la institución reabrió sus puertas, pasando inicialmente de 45 estudiantes en el año 2000, a 148 en 2008. Aunque la orientación del colegio es religiosa un 40% de sus alumnos son no musulmanes. El resto de los escolares aprenden sobre las bases del Islam sin que sea considerado como nocivo por parte de sus familias. Aunque sigue siendo una institución privada, la matricula no es pagada por los padres de familia sino por el gobierno de la ciudad, gracias a un convenio firmado con la Secretaria de Educación de Buenaventura.

La nación del Islam:

Nacido en el Detroit de los años treinta del siglo anterior, el movimiento Nación del Islam (en Inglés Nation of Islam) debe su origen a la labor proselitista llevada a cabo por Wallace Fard Muhammad, quien pregonaba la necesidad de volver sobre los valores espirituales, culturales y religiosos de la población negra norteamericana, la cual había sido degradada a un estado de esclavitud por los esclavistas. Tras su desaparición unos años después, el movimiento, que paulatinamente ganó más fuerza, pasó a ser dirigido por Elijah Muhammad. Sin embargo, su figura más importante fue Malcolm X, quien centró la atención de los medios de comunicación en los años setenta antes de que decidiera romper con el movimiento, siendo asesinado poco tiempo después, en 1965. A pesar del nombre del movimiento, algunos analistas han llamado la atención sobre su interpretación poco estricta de la doctrina islámica y de hecho, es posible encontrar raíces de origen bautista, fe común entre los afro americanos del sur de Estados Unidos.

El Islam y el Chiismo

El Islam es una de las tres grandes religiones monoteístas y pertenece al tronco de las religiones abrahámicas. En términos numéricos constituye la segunda religión del planeta, con unos mil trescientos cincuenta millones de fieles, lo que quiere decir que cerca de la quinta parte de la población mundial es musulmana. De estos un porcentaje lo constituyen musulmanes chiitas y otro musulmanes sunníes. Los chiitas comparten las mismas bases doctrinales que los musulmanes sunníes, siguen el mismo texto sagrado (el Corán) y reconocen la tradición profética que llega hasta el profeta Muhammad (que la bendición de ALLAH swt sea con Él y su purificada familia). Sin embargo, existen unos puntos que los diferencian, tales como son el imamato y la importancia que se otorga a la justicia divina. El primero viene a ser la ayuda necesaria que envía Dios a la humanidad para que logre encausar sus actos y no se precipite a la perdición. Esta guía se habría manifestado en la existencia de profetas que transmitieron el mensaje de Dios a diversos pueblos en distintas épocas. Por supuesto, si bien el profeta Muhammad era el último mensajero, Dios había enviado a los imames como garantes del camino recto. Este no podía ser elegido por los hombres sino que, al ser designado por Dios, debía cumplir con ciertos requisitos como el ser descendiente del Profeta y dominar las ciencias religiosas, ser justo y, en general, ser infalible al pecado. Como su función consiste en servir de puente entre el mundo terrenal y el celestial, su elección estaba dada por su antecesor, (el profeta o los otros imames) y su legitimidad venía de la divinidad misma. La justicia divina se refiere a que Dios ha introducido un elemento de racionalidad a la creación, lo que hace que solo quepa esperar justicia de sus actos. Por esto mismo el hombre debe responder ante la divinidad en el día del juicio, dado que tiene la posibilidad de elegir y la conciencia para actuar.

Impacto social

Al contrario de lo que ocurre en algunos lugares de nuestro país en donde el Islam ha tomado una marcada tendencia étnica y cultural, en Buenaventura no existe una ruptura con el entorno social, ni se ha creado una comunidad con espíritu de gueto. Por el contrario, la conciencia de compartir unos mismos problemas con el resto de la comunidad afrocolombiana en el Pacífico, ha hecho que el Islam se haya convertido en una forma más de tender puentes en procura de resolver problemas comunes de manera conjunta. No existe una diferenciación económica o social entre musulmanes y no musulmanes. Acaso el elemento diferenciador sea el énfasis que existe desde los primeros tiempos de la comunidad por hacer del negro una persona digna, por disciplinar al individuo, impulsarlo a educarse y convertirlo en alguien que ejerza una influencia positiva sobre los demás. Fruto de dicho enfoque, tras cumplir con las necesidades de los propios musulmanes, se vincula a otros sectores afectados ya sea para suplir falencias educativas, compartir en las cenas de fin del ayuno o distribuir carnes que se puedan sacrificar en las fiestas islámicas.

Conclusiones

Contrario a lo que pudiera creerse, el Islam no es un fenómeno coyuntural sino que se ha consolidado en el puerto. La mayor muestra de ello es que son reconocidos como un grupo legítimo por parte de la población local, no como elementos foráneos. En esa medida, el Islam, tal como es vivido cotidianamente en Buenaventura, tiene que ver más con las realidades y sentimientos del puerto, que con los grandes centros del islam a nivel internacional, de los cuales sin embargo no se desliga. En el plano nacional, al haberse convertido en una forma valida de entender la herencia cultural colombiana y el legado africano, han llegado a constituir un elemento más de diversidad dentro del ya de por si complejo universo social colombiano.

EL ISLAM CHIÍ EN COLOMBIA

Resulta difícil establecer a cuánto asciende el número de musulmanes que residen en Colombia, pues hasta la fecha el Estado colombiano no ha realizado ningún censo pormenorizado sobre filiaciones religiosas en el país; los únicos datos que existen a este respecto, y que gozan de cierta credibilidad para efectos del presente estudio, son los recogidos por el Centro de Estudios Teológicos y de Religiones (CETRE) de la Universidad del Rosario, Colombia, que establece que en el país latinoamericano viven aproximadamente unos 10.000 musulmanes, de los cuales unos 1.500 estarían concentrados en la capital, Bogotá. Las cifras dadas no pretenden ser conclusivas ni categóricas, y cabe aclarar que no tienen relación alguna con el número de árabes o descendientes de éstos en el país.

La mayoría de los estudios que existen acerca del Islam en América Latina afirman que los primeros musulmanes llegaron al continente americano a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, huyendo de la situación de pobreza en la que vivían como consecuencia de la decadencia del Imperio Otomano. Sin embargo, nos gustaría señalar que aunque en las fechas anteriormente mencionadas sí que es verdad que se produjo una significativa migración de musulmanes a América Latina, principalmente procedentes de Siria, El Líbano y Palestina, no hay que olvidar dos importantes contactos con el Islam: el primero dataría del momento en el que los españoles comenzaron la conquista de este territorio (siglo XVI), circunstancia en la que iban acompañados de moriscos (término empleado para denominar a los musulmanes que vivían en España tras la Reconquista) que, aunque tenían prohibido profesar su fe, lo hacían en secreto. Ponemos como ejemplo el caso de las “esclavas blancas” en Perú, moriscas que estaban al servicio de las esposas de los gobernadores y altos funcionarios españoles. En segundo lugar, estaría el caso de las personas esclavizadas procedentes de África, principalmente de la zona de la costa occidental, traídos a la fuerza y que, en su mayoría, eran musulmanes. Mencionamos como ejemplo para este caso los “males” de Brasil, que protagonizaron numerosas revueltas, con un marcado carácter religioso, en busca de conseguir la libertad.

Aparte de lo arriba reseñado, la verdad es que el asentamiento de comunidades musulmanas en Colombia ha sido más significativo a partir de los años sesenta del siglo XX, cuando el número de residentes musulmanes alcanzó una cifra que permitió la creación de algunos tipos de asociaciones y organizaciones, para pasar después a constituirse en comunidades que rápidamente han desarrollado una infraestructura en la que prima la formación y el apoyo a sus fieles.

Los musulmanes que llegaron a Colombia a lo largo del siglo XX, debido a las circunstancias políticas y religiosas del país, en un primer momento tomaron la nación latinoamericana como un punto de tránsito a partir del cual emigrar a otras regiones. No fue hasta la modernización del Estado, que culminó con la promulgación de la Constitución de 1991, así como los cambios que se produjeron en la Iglesia Católica a raíz del Concilio Vaticano II, que los inmigrantes musulmanes encontraron espacios legales y sociales que les permitieron preservar su religión y cultura, y erigirse como minoría religiosa con plenos derechos.

Actualmente, existen comunidades musulmanas en prácticamente todas las ciudades de cierta importancia en el país, aunque su tamaño, proceso histórico y rango de acción varían de una a otra. Si atendemos al aspecto del número de integrantes, las comunidades establecidas en Maicao, Bogotá y Buenaventura, superan en miembros a las demás. El resto de comunidades musulmanas se encuentran en las localidades de: Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Valledupar Cali, Medellín, Pasto, Santa Marta, Pereira, Armenia y Villavicencio.

Cada una de las comunidades ha establecido una serie de instituciones, a saber: mezquitas, colegios y centros islámicos; a fin de perpetuar los valores religiosos y propios de los integrantes de la comunidad. Para esta encomiable labor cuentan con el apoyo académico y económico de varios países islámicos como es el caso de la República Islámica de Irán, que, a partir de los años noventa del siglo XX y debido a la llegada de ciudadanos iraníes y libaneses al país, decidió aumentar la propaganda y publicaciones islámicas, además de financiar los estudios de algunos integrantes de la comunidad en la Universidad de Qom y en la madraza del Ayatolá Khomeini.

Sin embargo, aunque son comunidades muy activas, hay que señalar que debido al hecho de que se hallan dispersas y a que no cuentan con un ente único que las represente ante el Estado, su labor se ve perjudicada por no poder llevar a cabo acciones conjuntas que beneficiarían a los creyentes.

Aunque parte de la población musulmana residente en Colombia profesa el Islam sunní, existe un número considerablemente de chiíes localizado principalmente en Buenaventura, el puerto de mayor importancia del país latinoamericano desde el punto de vista comercial, pues moviliza alrededor del 60 % del comercio de la nación colombiana.

La comunidad chií residente en Buenaventura, cuya existencia se remonta a aproximadamente unos cincuenta años atrás, es la tercera comunidad musulmana del país, después de las ciudades de Bogotá y Maicao.

Lo que caracteriza a la comunidad chií de Buenaventura y que la diferencia del resto de comunidades musulmanas, no solo de Colombia sino de toda América Latina, es el hecho de que sus integrantes son prácticamente en su totalidad conversos o descendientes de conversos, por lo tanto, es una comunidad constituida por nativos, principalmente afrodescendientes, y no por inmigrantes, circunstancia que marca claramente su identidad y desarrollo.

Como hemos mencionado anteriormente, el surgimiento de la comunidad chií de Buenaventura se remonta a la década de los sesenta del siglo XX, es decir, a hace aproximadamente unos cincuenta años, cuando marineros que trabajaban en los barcos provenientes de Estados Unidos, trajeron consigo el mensaje de la Nación de Islam (Nation of Islam), movimiento fundado por Wallace Fard Muhammad en 1930 en Estados Unidos y que influyó significativamente entre la población afrocolombiana.

El mensaje de la Nación del Islam consiguió rápidamente adeptos entre la población afrocolombiana de Buenaventura debido a las reivindicaciones de los derechos de los afrodescendientes expresas en él, en las que se subrayaba la necesidad de volver a los valores espirituales, culturales y religiosos de la población negra, que había sido degradada a un estado de esclavitud por los sionistas y europeos.

Tras la gran acogida que recibió el mensaje de la Nación del Islam, consiguiendo reunir a más de doscientas personas que se identificaban con el movimiento. En 1970 es cuando los musulmanes colombianos empiezan a celebrar sus primeras reuniones. Cuatro años después, es decir, en 1974, decidieron organizarse y crear las bases de la comunidad, dando lugar al establecimiento de la Comunidad Islámica de Colombia, la agrupación musulmana más antigua del país y la primera en obtener un reconocimiento legal por parte del Estado colombiano.

Sin embargo, a comienzos de la década de 1980, el movimiento sufre una fuerte crisis debido a diferentes factores: su desvinculación con el movimiento en Estados Unidos, una crisis de liderazgo e intentos fallidos de acercarse a comunidades sunníes. Luego se presentó el fenómeno del apoyo ofrecido por la República Islámica de Irán.

El apoyo bridando por Irán consistió en la donación de materiales de estudio y la concesión de becas para algunas personas, a fin de que realizaran estudios de teología y ciencias islámicas en universidades y centros iraníes. Una de las personas que se benefició de esta ayuda de estudios fue el shaikh Carlos Valencia Potes que, al convertirse al Islam, adoptando el nombre de Muniruddin Valencia, y tras estudiar ciencias islámicas ocho años en Qom (concluyó sus estudios islámicos en el 2000), se convirtió en el guía espiritual (shaikh) de la comunidad chií de Buenaventura, con unos 300 integrantes aproximadamente, asumiendo el control de la misma.

Desde que el sheikh Muniruddin Valencia asumirá la dirección de la comunidad chií de Buenaventura, ésta ha prosperado considerablemente; muestra de ello es la construcción en el año 2000 de una mezquita, denominada Centro Cultural Islámico La Ciudad del Profeta, la reapertura de la Institución Educativa Silvia Zaynab (este centro educativo fue creado en 1981, pero debido a problemas económicos y a que el número de estudiantes descendió, se vio obligado a cerrar sus puertas), y la creación de una emisora musulmana virtual que emite desde la mezquita.

Por otro lado, debemos mencionar la comunidad chií de Cali, compuesta por unos 90 miembros, y que depende de la comunidad de Buenaventura. Esta pequeña agrupación cuenta con una casa dedicada exclusivamente a labores islámicas. Debido a que el número de integrantes de esta comunidad es menor, sus miembros se reparten las tareas a fin de que no desaparezca la congregación.