EN EL NOMBRE DEL ALTÍSIMO

 

Sermón: El Romance, Coqueteo, Picardía y Malicia

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Lo más dañino para el hombre es no ser agradecido con el Creador, en relación a los dones innatos que le ha otorgado.

 

Hay un atributo dado por Dios al ser humano, pero exclusivamente lo debe manifestar el hombre; el hombre debe ser el pionero para hacer brillar dicho don; este atributo, entre la mujer más lo oculte, es más adecuado, por ser su esencia, pero en el hombre es una obligación sacarlo a flote, para toda la vida, desde su compromiso matrimonial hasta sus últimos días de vida; se llama “el romance coqueto”. El hombre debe utilizarlo para conquistar a su pareja quedando ella derretida y atraída por su encanto romántico zalamero y coqueto. Esa malicia (desde un sentido bueno del termino) es por medio de la cual se llena de coraje el hombre y se dice así mismo: “hare todo por conquistarla”, “ella será mi futura esposa”, “ella será la madre de mis hijos”.

 

Ese amorío pícaro fue dado por Dios al ser humano, pero lo manifestará mucho más el hombre a su mujer.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Por qué nos desapegamos de la malicia, coquetería, picardía y zalamería para nuestras esposas? Nos volvemos insípidos y monótonos en nuestro hogar ¡Ojo hermanos! No quiero llegar a decir que lo hemos perdido, ya que, si fuera así, no iríamos a conquistar y declararle romance malicioso y pícaro a otra mujer.

Lo más peligroso del caso es que la mujer, por ser dotada de tan grande inteligencia, se entera muy rápidamente que su esposo ya no quiere ser romántico y coqueto para ella, se entera que ya no quiere ser el pícaro como cuando la enamoró. Es cuando salen a flote nuestras excusas de hombres cobardes e inmaduros, por no afrontar la verdad para corregirla; solo decimos: “son las obligaciones diarias, los hijos, el trabajo, el poco tiempo y súmele el estrés” ¡Por favor! El casado ha perdido para su esposa el cortejo, la zalamería de conquista, se olvidó para su esposa el guiñarle el ojo, pero si pasa la otra mujer inmediatamente utiliza ese sello picaresco de hombre que se debería merecer su esposa.

 

El romance de malicia y picardía lo apagamos para el ser que siempre nos ha amado, ese compromiso de hombre enamorado no lo manifestamos a nuestras esposas, al contrario, lo eliminamos con mentiras, porque esa cualidad no se pierde, lo que pasa es que la enterramos para el ser que amamos y que realmente se lo merece dignamente. Los años jamás harán que se apague el romance coqueto y pícaro; al contrario, por la grandeza divina, crece esa malicia romántica cada día más y más.

 

Como dicen las letras de canciones latinas: “Cada día que pasa te veo más bonita, le doy gracias al cielo por haberme dado tu querer”.

 

“Tú llegaste justo cuando más lo necesitaba. Le doy gracias al cielo por haberte puesto en mi camino. Le pido y le ruego alargue tus días junto a mí. Tus caricias, tus besos, poder descansar en tu regazo, dormir a tu lado, sabiendo que sueñas justo en mí”.

“Siempre, siempre, quiero soñar contigo, siempre, siempre, puedes contar conmigo. Te juro que eres mi sol. Te juro que eres mi abrigo y ante cualquier situación puedes contar conmigo”.

“Estar contigo es mi pasión. Soñar contigo es mi ilusión, quiero detener el tiempo y que se pare el reloj”.

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Eso es el auténtico coqueteo, pícaro, malicioso y zalamero.

 

¿Por qué debe ser esa coquetería y zalamería la vanguardia del hombre? porque siempre era el hombre quien llevaba a su novia de la mano y la conquistaba. Era el hombre que producía la picardía tal que la mujer aceptaba su invitación. Entonces ahora ¿Por ser marido y mujer, lo has tirado al olvido? Ese atributo de hombre coqueto lo entregó Dios como herramienta de conquista para nuestras queridas esposas.

 

Si de verdad la amas, si de verdad la valoras, si de verdad sabes que sientes tanto agradecimiento y sueñas vivir el resto de tu vida con ella ¿Por qué te olvidas de ser el pionero de empezar a que se manifieste el coqueteo y romance zalamero en tu hogar?

 

¿Se te perdió ese atributo cultural?

 

¡Hermanos! Dios nos otorgó esa gran responsabilidad de endulzar a nuestra prometida y esposa a través de este hermoso cortejo y no se puede dejar perder.

 

¡Perdón hermanos y hermanas! No se trata de esa amabilidad y fomento previo a la intimidad, sino de un comportamiento permanente que exteriorice el profundo amor, aprecio y cariño que siente un esposo por su esposa.

 

Ese abrazo como protegiéndola, esos apretones de mano, esos elogios de verla.

 

¿Por qué queremos dejarlo perder?

 

¡Hermanos! no se ha perdido, porque lo hacemos con otras personas.

 

Este coqueteo de enamoramiento hace magia. Sean amorosos, maliciosos para sus esposas y seguro que aunque no haya dinero en la casa, le brillan sus ojos de felicidad en su hogar. Ese coqueteo hace llegar la paz y por ende la riqueza tanto espiritual como material.

 

Triste escuchar a un hombre decir: “aquí te dejo la plata para la comida” y es posible que en la noche haya pasión en la intimidad ¿pero dónde está el cariño, romance, coqueteo y malicia?

Ese coqueteo malicioso no debe manifestarlo la mujer sino el hombre, la mujer de por sí ya es coqueta y no necesita recordarlo o esforzarse en manifestarlo, la mujer desde que amanece hasta que anochece te dice: “papi, te amo, te quiero, te extrañé, eres mi tesoro.

 

¿Dónde están esas caricias indiscretas del hombre? ¿Ese enamoramiento atrevido y pícaro? Debemos estimular la feminidad de aquella “Diva”. No significa levantarle su autoestima, sino que nuestras esposas son un tesoro que hay que estarlo ojeando. El hombre desde que nace ya está predispuesto para eso.

 

Esa coquetería, la mujer la ve en el hombre solo con el hecho de quedarse y dedicarle aunque dos horas, solo para ella. Esa zalamería intencionada se ve en la mirada “picara” del hombre por poseerla y hacerla suya.

 

Esa malicia, la mujer la percibe en la intimidad y la hace olvidar de cualquier novela o programa de televisión.

 

Ese entremetimiento del hombre lo denomino “Romance malicioso, coqueto y zalamero”.

 

La mujer percibe ese romance con sólo sentir que su amado la toma de la mano y le dice: “Por favor, olvídate de todo, hoy solo quiero que estés a mi lado”. Ella inmediatamente se deslíe en la oportunidad de poder compartir un momento de amor y cariño con su esposo.

 

Una vez un Sheij amigo me preguntaba: ¿Por qué el índice de divorcio en Latinoamérica se ha acrecentado? A lo cual le conteste: La respuesta Sheij es porque nuestros mejores sermones se tratan de cómo comportarnos con los otros seres humanos, pero nos hemos olvidado de sermones de cómo comportarnos con nuestras esposas; nos hemos olvidado de hacerles trasmitir ese gran atributo de hombres hacia nuestras mujeres, el cual es el “Romanticismo coqueto, pícaro y malicioso”.

 

Aunque no lo creamos, cuando el hombre se olvida de ser romántico y zalamero, eso sí le duele a una mujer¡.

 

La mujer más allá de temer que su esposo se fije en otra mujer, lo que le importa es que su amado continúe siendo para ella dulce, cariñoso, pícaro y coqueto. El perder ese atributo del hombre para con su esposa, eso si la degrada anímicamente y la hace creer que no vale la pena su existir o seguir con la lucha del hogar o la familia.

 

Nuestro Profeta Muhammad (P) hablaba mucho de ese “Romance coqueto” y nos enseñaba como no dejarlo perder con nuestras esposas. Él solía decir: “yo soy el mejor esposo por eso soy el mejor entre ustedes”.

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El Sagrado Corán, sura 2: 223 dice: “Vuestras mujeres son campo labrado para vosotros. ¡Venid, pues a vuestro campo como queráis, haciendo preceder algo para vosotros mismos! ¡Temed a Dios y sabed que le encontrareis! ¡Y anuncia la buena nueva a los creyentes!

 

Invito a que las mujeres sienten a sus esposos y le hagan saber de esa gran “Magia” que la hace feliz para toda la vida. Ese es un derecho que ustedes se lo ganaron por ser la corona de su hogar.

 

¿Por qué auto eliminamos este hermoso atributo de coquetería?

 

Recuerda, cuando eras prometido, como te comportabas, como coqueteabas, como guiñabas el ojo.

 

Dice también otra letra de una famosa canción latinoamericana:

 

“recuerda, sácala, llévala al cine.

Cómprale un ramo de flores.

Llévale la comida a la cama

Trátala con mucha ternura

Háblale, pero con mucha dulzura

Dale amor porque ella merece

Le gusta que la trates así

Acuérdate en el tiempo que eran novios.

La llevabas al coctel. La invitabas a comer, la sacabas a bailar, tu única mujer.

Ahora no puedes cambiar tu forma de ser.

Cada rato la llamabas y por ella preguntabas

Muchas veces fastidiabas

Sin motivo la celabas

Ahora no puedes cambiar tu forma de ser”

 

Por favor entendamos la letra y pongámosla en práctica.

 

Cuando eras prometido la hacías sentir que era la única mujer en el mundo. Hoy que son esposos no cambies tu forma de ser.

 

¿Sera que estamos practicando como creyentes, el fortalecer la pareja y la familia?

 

Espero y aspiro que en esta comunidad Islámica seamos difusores de poner en práctica y alerta a todos los hombres de no perder dicho atributo en el que Dios nos puso como pioneros.

 

Está dedicado a todo aquel que crea que el Islam puede hacerle cambiar su vida en el hogar o en cualquier otro aspecto.

 

SERMON DEL VIERNES

POR EL TEÓLOGO Y SOCIÓLOGO

SHEIJ MUNIR VALENCIA POTES

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