la avidez y las esperanzas inmoderadas

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Se cuenta que Harún ar-Rashid, una vez en su contrición y su arrepentimiento dijo: “requiero ante mí presencia a alguien que haya tenido el honor de ver al noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su purificada Familia) y escuchar de él una narración; para que esta, me sea trasmitida sin mediaciones”.

No obstante que el califato de Harún ar-Rashid fue en el año ciento setenta de la hégira, por lo que era evidente que, con este largo período tiempo, no había quedado nadie que hubiese vivido en la época del Profeta, y si se encontrase viva, una persona de esa época, seria de lo más extraño. Así que los hombres de Harún ar-Rashid y sus seguidores trataron de encontrar a una persona con estas cualidades y buscaron por todos lados. Luego de cierto tiempo no encontraron sino a un anciano frágil, muy débil y endeble. No quedaba de él sino más que un débil aliento en un montón de huesos desgastados. Siendo muy cuidadosos para no lastimarlo, lo pusieron en un andas y lo llevaron ante Harún ar-Rashid a su palacio. Harún se alegró mucho con esto, porque presenciaba a alguien que había visto y escuchado, en vida, al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sea con él y su Purificada Familia);

Entonces le dijo: ¡Oh anciano! ¿Has visto al Santo Profeta? Respondió: sí.

Harún ar-Rashid dijo: ¿Cuándo lo viste?

El anciano dijo: “cuando era niño, una vez mi padre me tomó de la mano y me llevo junto al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sea con él y su Purificada Familia). Entonces después de esa oportunidad, no volví a presenciarlo hasta que falleció”.

Harún dijo: ¿acaso, habéis escuchado algo del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su Purificada Familia), ese día?

respondió: Sí, Ese día, escuché que el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su Purificada Familia) dijo: “El ser humano envejece y envejece con él dos vicios: la avidez y las esperanzas inmoderadas.”

Harún se alegró mucho, al escuchar esta narración de las palabras del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su Purificada Familia), con solo una persona de mediación. Entonces, ordenó que le entregaran al anciano, una bolsa de oro, como recompensa. Y cuando quisieron sacar al anciano del palacio, él alzó la voz en una débil y quebrada exclamación, diciendo: “regrésenme ante Harún, le debo decir algo.”

dijeron: “esto no es posible.”

 Él dijo: Tengo que volver con él, tengo una pregunta que debo hacerle y luego me iré. Así que lo devolvieron al palacio ante Harún, y este pregunto: ¿Qué pasa? El anciano dijo: “Tengo una pregunta.”

Harún dijo: Dí, ¿cuál es tu pregunta? Él dijo: ¡Oh Sultán! ¿acaso, el regalo que me has dado hoy, es solo para este año o se repetirá cada año?… Harún carcajeó y sorprendido, dijo: “ciertamente que, ha sido veraz el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él y su purificada Familia); El ser humano envejece y envejecen con él dos vicios: la avidez y las esperanzas inmoderadas.

Ese anciano que pareciera en sus últimos suspiros de vida, el cual, podría no estar vivo al salir del palacio, y aquí está preguntando ¿Esta recompensa es especial   para este año o se me otorgara cada año?; Le ha intrigado la preocupación por la avidez de aumentar la riqueza y las largas esperanzas, la cual, lo hace esperar una larga vida, y esto lo lleva a esperar una nueva recompensa.

Lección

Este es el resultado de la ausencia de la educación del alma en las enseñanzas divinas, lo que conlleva hacia una gran avidez y esperanzas inmoderadas, lo cual extienden su influencia en el alma del ser humano, En un aspecto cada vez más amplio e ilimitado para hacer frente a este.

En cambio, aquellos que llevan sus buenas acciones al otro mundo, y han llenado sus corazones del todo y eternidad, creyendo en la preponderancia de un Dios todo poderoso; aquellos que ponen – con sus buenas obras- su estilo de vida, sobre la base de la justicia y la equidad !ciertamente que sus recompensas están ante Dios!, una recompensa inagotable, ininterrumpida e ilimitada.

En verdad, quienes creen y hacen buenas obras tendrán una recompensa ilimitada. (Sagrado Corán, Sura 41, aleya 8).

Esa es la recompensa y premio, para aquellos que no han vivido bajo la avidez y las falsas esperanzas; ellos disfrutarán en el paraíso eterno y el mundo de la eternidad, pernotando con las mejores bendiciones espirituales y reales:

y quienes hayan hecho un bien, hombre o mujer, y sean creyentes, entrarán en el Jardín y allí se les recompensará sin medida. (Sagrado Corán, Sura 40, aleya 40.)

Donde reciben el sustento de su Señor mañana y tarde:

y en ellos tendrán su provisión mañana y tarde. (Sagrado Corán, Sura 19, aleya 62.)

Sabed que la vida de este mundo no es más que juego y distracción sin sentido y apariencia y orgullo entre vosotros por el mayor número de bienes e hijos. Es como la lluvia. El agricultor se impresiona de la vegetación que hace surgir, luego, continúa su proceso y ves como amarillea y luego se torna pasto seco. Y en la otra vida hay castigo severo y también perdón y satisfacción de Dios. Y la vida de este mundo no es más que el disfrute temporal de la vanidad. (Sagrado Corán, Sura 57, aleya 20.)

 

Historia extraída del tomo 1 del libro Maʿrifa Al- Maʿād de Seyed Muhammad Husein Huseini Tehrani (Aláma Tehrani). Traducido por Equipo Islam al-fayer.

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