¿Por qué la escuela de Ahl-ul Bait (P)?

 

﴿ فَسْاَلُوا أَهْلَ الذِّكْرِ إِن كُنتُمْ لاَ تَعْلَمُونَ ﴾

«Preguntad a la gente del Recuerdo, si es que no sabéis».[1]

 

En ese océano de ideas y voces diferentes, donde algunos consideraron incrédulo al que comete un gran pecado[2] y otros afirmaron que tal cosa no hace la menor mella a su fe[3]; donde algunos sostuvieron la predestinación del ser humano[4] y otros el desentendimiento divino respecto de las acciones humanas[5]; donde se llega a sostener que se puede llegar a ver a Dios,[6] y otros la completa incapacidad del intelecto ante cualquier cosa relacionada a Su respecto[7]; donde algunos dicen que Sus Atributos son diferentes a Su Esencia y se habla de ocho sempiternos (al-qudamâ az-zamâniah) junto a la Esencia Divina[8]; donde algunos sostienen que el Sagrado Corán no fue creado en el tiempo[9] y otros que sí lo fue[10], y que se hayan producido estragos por esta cuestión…

Ante ese conflicto de conceptos acudimos al profeta interno –esto es, el intelecto- que nos indica seguir los dictados del intelecto externo -esto es, el profeta- que nos exhorta, ante las discrepancias, a embarcarnos en el Arca de la Salvación de Ahl-ul Bait (La paz de ALLAH swt sea con ellos).

 

Las disertaciones, cartas y dichos del Imam ‘Alî (La pa de ALLAH swt sea con él) que ha registrado la historia nos muestran claramente que él fue el fundador de los principios del Kalâm, especialmente en lo que se refiere a los temas de la Unicidad de Dios y la Justicia Divina. El libro Nahÿ Al-Balâgah recopilado por el Seîied Ar-Radî es un claro exponente de esos elevados conceptos que no encontramos en nadie más.

Lo mismo sucede con los elevados dichos del resto de los Imames de Ahl-ul Bait (P) al haberse preocupado el mismo Mensajero de Dios (BP) porque heredaran tal conocimiento.

Narró Al-Hamawî en una cadena de transmisión que llega al Imam Al-Bâqir (P), de su padre, de su abuelo Amîr Al-Mu’minîn (P) que dijo: Dijo el Mensajero de Al·lah (Que la bendición de ALLAH swt sea con él y su Ahlulait): “¡Oh Ali! Escribe lo que te transmito y enseño”. Ex­presé: “¡Oh Mensajero de Al·lah! ¿Acaso temes que me sobre­venga el olvido?”. Res­pondió: “No, pues he pedido a Al·lah, Poderoso e Imponente, que te haga memorizador, pero debes escribir para los Imames de tu descendencia, a quienes mi co­munidad se dirigirá en busca de ayuda, a cuyas súplicas Al·lah respon­derá, por cuya intercesión Al·lah alejará las afliccio­nes de la gente, y por quienes descenderá la miseri­cordia del cielo. Éste es el pri­mero de ellos”, y señaló a Al-Hasan (P). Luego dijo: “…Y éste es el se­gundo de ellos”, señalando a Al-Husain (P), y a continuación agregó “…y los Imames son de su descenden­cia”.[11]

Asimismo, se narró que el Mensajero de Dios (BP) dijo al Imam ‘Alî (P) lo siguiente: “¡Oh ‘Alî! Escribe lo que te dicto”. Dije: “¡Oh Mensajero de Dios! ¿Acaso temes que me sobrevenga el olvido?”. Dijo: “No, pues he suplicado a Dios que te haga memorizador, pero (debes hacerlo) para tus asociados (en el Imamato), los Imames de Tu descendencia”.[12]

En cuanto a su hijo el Imam Al-Hasan (P), nos es suficiente para inferir su condición de referente de conocimiento no sólo para los shiítas o seguidores de Ahl-ul Bait (P), el hecho de que una persona -que alcanzó notoriedad y prestigio entre las distintas tendencias del Islam- como Hasan Al-Basrî, se refiriera a él al verse confundido en un tema como el de la predestinación y el libre albedrío. Hasan Al-Basrî escribió de la siguiente manera al nieto del Profeta (BP) preguntándole acerca de dicha cuestión:

“Vosotros sois el astro que marcha en medio de la profundidad de los mares y las señales deslumbrantes y notorias, sois como el Arca de Noé (P) en la cual se ubican los creyentes y se salvan los musulmanes. Te escribo, ¡oh hijo del Mensajero de Dios! en relación a lo que discrepamos respecto a la predestinación lo que nos tiene confundidos respecto a nuestra libertad de poder actuar. Así pues, infórmanos tu opinión y la opinión de tus padres sobre ello, puesto que vuestro conocimiento es el conocimiento de Dios, y vosotros sois los testimonios (esto es, referentes) para la gente, siendo Dios vuestro testimonio: «Una progenie (cuyos integrantes) descienden unos de otros, y Dios es el Omnioyente, el Sapientísimo».”[13]

El Imam Al-Hasan (P) le respondió lo siguiente:

En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. Me ha llegado tu carta, y si no fuera por lo que has mencionado acerca de tu desconcierto (sobre el tema) y el desconcierto de los que te precedieron, no te hubiera informado.

Quien no cree en la predestinación y que Dios conoce el bien y el mal, en verdad que ha descreído. Y quien imputa las desobediencias a Dios, en verdad que se ha corrompido. Ciertamente que Dios no es obedecido por compulsión, ni es desobedecido por haber sido vencido. No ha desatendido a los siervos dejándolos libres de Su dominio, sino que Él es el Amo de lo que les ha hecho poseer, y el Todopoderoso por sobre lo que les ha permitido dominar; les ordenó siendo éstos libres en su elección, y les prohibió advirtiéndoles. Si se afanan en obedecer (a Dios) no encontrarán quien lo impida. Si se proponen llevar a cabo un acto de desobediencia, si a Él le place favorecerles e interponerse entre ellos y tal acto, lo hace, y si no lo hace, entonces ciertamente que no es Él Quien los llevó a cometerlo por compulsión, ni se los impuso debiendo perpetrarlo con aversión, sino que les favoreció al hacerlos discernir, conocer, al advertirles, ordenarles y prohibirles. No poseen una cualidad intrínseca que les lleve a lo que les ordenó, de manera que fueran igual a los ángeles, ni hay compulsión sobre ellos para no perpetrar lo que les prohibió. Dios posee la prueba consumada, y si hubiera querido, os hubiera guiado a todos. Que la paz sea con quien sigue la guía.[14]

En cuanto al Imam Al-Husein (P), narró ‘Ikrimah de Ibn ‘Abbâs que mientras se encontraba hablando a la gente, he ahí que se levantó Nâfi‘ Ibn Al-Azraq y le dijo: “¡Oh Ibn ‘Abbâs! ¡Nos das veredictos relacionados a la hormiga y el piojo! ¡Descríbenos a tu Dios al cual adoras!”. Ibn ‘Abbâs permaneció en silencio por lo elevado de las implicancias de lo que había dicho. El Imam Al-Husein (P) se encontraba sentado a un costado y le dijo: “¡Dirígete a mí, oh Ibn Al-Azraq!”. Éste dijo: “¡No es a ti a quien pregunto!”. Dijo Ibn ‘Abbâs: “¡Oh Ibn Al-Azraq! Por cierto que él es de Ahl-ul Bait, la gente de la casa del Profeta, quienes son los herederos del conocimiento”. Entonces Nâfi‘ se dirigió adonde se encontraba Al-Husein (P), quien le dijo:

¡Oh Nâfi‘! Ciertamente que quien dispone su religión en base a la analogía permanece permanentemente en la confusión, inquiriendo, desviado del recto proceder, errando en la tortuosidad, extraviado del camino, diciendo lo que no es apropiado…

¡Oh Ibn Al-Azraq! Describo a mi Dios mediante aquello con lo que Él se ha descrito a Sí Mismo, y lo defino mediante aquello con lo que se ha definido a Sí Mismo: No es percibido mediante los sentidos, no es comparable con la gente, se encuentra cerca sin que haya contacto (sensorial), y lejano sin estar apartado. Es Único, no cabe en Él la disociación (ni material, ni metafísica ni en la abstracción genérica o mental), es conocido por los signos, descrito mediante las señales, no hay divinidad más que Él, el Grandísimo, el Elevadísimo.

Entonces Ibn Al-Azraq lloró y dijo: “¡Oh Husein! ¡Qué excelentes fueron tus palabras! …”

Dijo Al-Husein: “Ahora yo te pregunto un asunto”. Dijo: “Pregunta”. Y le preguntó respecto a la aleya que dice: «En cuanto a la pared, ésta pertenecía a dos muchachos huérfanos de la ciudad».[15] Dijo el Imam (P): “¡Oh Ibn Al-Azraq! ¿Quién se preocupó por (que llegara el legado a) los dos muchachos?”. Dijo: “Su padre”. Dijo Al-Husein (P): “¿Acaso el padre de esos dos muchachos era mejor o lo era el Mensajero de Dios?” (esto es, que el Mensajero de Dios se preocupó porque su herencia de sabiduría llegara a los Imames de su descendencia).[16]

 

Cada uno de los Imames de Ahl-ul Bait (P) cumplió magníficamente con su función de explicar a la comunidad islámica los conceptos teológicos en conformidad a las circunstancias que les rodeaban y a pesar de las presiones políticas ejercidas sobre ellos.

Así, encontramos que el califato omeya presionaba y no permitía que el Imam Zain Al-‘Âbidîn (P) diera discursos ni tuviera actividad que motivara algún tipo de influencia. Por ello, el Imam brindaba sus enseñanzas a través de las súplicas y las letanías a Dios, de manera tal que nos ha legado un mar de súplicas colmadas de detalles sobre los conceptos del Islam, muchas de las cuales sólo son comprendidas cabalmente por un gnóstico versado.

Cuenta el Sheij Al-Mufîd que el Imam Zain Al-‘Âbidîn se encontraba cierto día en la Mezquita de su abuelo el Mensajero de Dios –miles de bendiciones sean sobre él y su purificada descendencia- y escuchó a un grupo de gente que confería a Dios atributos de las criaturas, por lo que, sobresaltado, se levantó dirigiéndose a la tumba del Profeta (BP), se detuvo allí y comenzó a dirigirle letanías a Dios en voz alta diciendo:

 

إلهي بدت قدرتك، ولم تبدُ هيئة، فجهلوك، وقدّروك بالتقدير على غير ما أنت به، شبّهوك وأنا بريءٌ يا إلهي من الذين بالتشبيه طلبوك، ليس كمثلك شيء إلهي ولم يُدركوك، وظاهر ما بهم من نعمة دليلهم عليك لو عرفوك، وفي خلقك يا إلهي مندوحة عن أن يناولوك، بل سوّوك بخلقك، فمن ثَمّ لم يعرفوك واتخذوا بعض آياتك ربّاً، فبذلك وصفوك، فتعاليت يا إلهي عمّـا به المشبّهون نعتوك

¡Dios mío! Se ha manifestado Tu poder sin que te hayas manifestado con forma alguna, por lo que te ignoraron.

Te han estimado en una medida que no tienes. Te han asemejado (a las criaturas) y yo me desentiendo de ello.

¡Dios mío! ¿Quiénes son esos que mediante la asemejación te procuran? No hay nada que se te asemeje, ¡Dios mío! pero no te vislumbraron.

Las mismas mercedes manifiestas son su indicio hacia Ti, ¡si te hubieran conocido!

Con (los signos de) Tu creación, ¡Dios mío!, no tienen más escapatoria que reparar en Ti, pero te equipararon a la misma, y por ello no te conocieron, sino que tomaron a algunos de Tus signos como señor, y con ello mismo te calificaron.

¡Glorificado Seas, oh Dios mío, respecto a aquello que los asemejadores te han atribuido!

Encontramos algunas de esas súplicas en el libro As-Sahîfah As-Saÿÿâdîiah.

Fue al final del califato de los omeyas y al principio del califato abbasida que los Imames de Ahl-ul Bait (P) tuvieron la oportunidad de explicar en forma abierta y sistemática los elevados conceptos del Islam, y es por ello que encontramos una inmensa cantidad de discusiones teológicas principalmente en las narraciones de los Imames Al-Bâqir y AsSâdiq, y las de los Imames Al-Kâdzim y Ar-Ridâ -con todos ellos sea la paz.

En la escuela de Ahlul Bait (P) todo ese caudal de enseñanzas forma parte de la Tradición ligada al Mensajero de Dios (BP), quien los dispuso como referentes junto al Sagrado Corán.

 —————

A diferencia de lo que ocurre con los normas de la sharî‘ah o ley islámica, en cuanto a los principios de la religión no es válida la ciega imitación, por lo que en este punto juegan una serie de elementos, algunos ya concluidos con certeza y que sirven de base para las inferencias posteriores, y otros, sin ser aceptados taxativamente, tienen un carácter orientador que al ser desarrollados van edificando la creencia correcta que se va dejando vislumbrar cada vez con mayor nitidez. Luego de las inferencias de la sana razón, esos elementos nos lo brinda el mayor conocimiento de las enseñanza y orientaciones del Profeta (BP) y de esos doce Imames de su descendencia, quienes, en un período de trescientos años, nos muestran una misma lucidez y un mismo discurso, sin incurrir en contradicción alguna ni con el Sagrado Corán, ni con la Tradición, ni con la sana lógica, ni entre sí.

 

[1] Al-Anbiâ’; 21: 7.

[2] Como los Jawâriÿ.

[3] Como los Murÿi’ah.

[4] Como los Ahl-ul Hadîz y los Ashâ‘irah.

[5] Como los Mu‘tazilah.

[6] Como los Hashwîiah, los Ahl-ul Hadîz, los Ashâ‘irah, y los Maturidîiah.

[7] Como los Mu‘attilah

[8] Como los Ashâ‘irah.

[9] Como los Ashâ‘irah.

[10] Como los Mu‘tazilah.

[11] Ianâbi‘ul Mawaddah, de Al-Qandûzî.

[12] Al-Imâmah wa-t Tabsirah min al-Hîrah, p.183; Basâ’ir Ad-Daraÿât, p.167; Amâlî asSadûq, p.327; Ikmâl ad-Dîn wa Itmâm an-Ni‘mah, p.206.

[13] Aal ‘Imrân; 3: 34.

[14] Ibn Shu‘bah en Tuhaf Al-‘Uqûl, p.232; Al-Maÿlisî en Bihâr Al-Anwâr, t.5, p.40, hadîz 63; Al-Karâhikî en Kanz Al-Fawâ’id, p.119.

[15] Al-Kahf; 18: 82. Moisés y Jidr -con ambos sea la paz- pasaron por un pueblo cuyos moradores les negaron hospedaje, pero aún así Jidr restauró una pared que estaba a punto de derrumbarse. Después Jidr (P) le explicó a Moisés (P) que hizo eso porque la pared pertenecía a dos huérfanos y bajo la misma había un tesoro. Dios quiso que ellos mismos lo sacasen al ser mayores.

[16] Ibn ‘Asâkir, Ta’rîj Dimashq, sección “La vida del Imam Al-Husain (P)”, p.158. Investigado por Muhammad Bâqir Al-Mahmûdî; Al-Maÿlisî, Bihâr Al-Anwâr, t.4, p.297.

 

  • Extraído del libro “La Doctrina del Islam Shi´ah (Manshure Aqaiede Imamiah)”, AiatuL-LAH Ya´far Subhani,
  • Traducción al Español:  Huyyatulislam Feisal Morhell

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