De camino hacia el Imam de la época (I)

(La paz de ALLAH swt sea con él)

 

El Gran Profeta Muham¬mad (BP) falleció en los comienzos del año XI de la héjira lunar, luego de veintitrés años de esfuerzo en el camino de anunciar la sharî‘ah o ley islámica.

Con el fallecimiento del Gran Profeta (BP), concluyó la Revelación, y se selló la profecía, y de esa manera no hubo ni habrá más profeta después de él, ni otra ley divina después de la suya; sin embargo, los deberes y obligaciones que pesaban sobre los hombros del Profeta Muhammad (BP), a excepción de lo concerniente a recibir Revelación y su anunciación, obviamente no concluyeron.

Es por ello que era menester que después de su muerte hubiera una persona perspicaz y sagaz, proba, que continuara cumpliendo esas obligaciones y funciones, guiara a los musulmanes y fuera su Imam y sucesor del Mensajero de Dios (BP).

La cuestión de la necesidad de la existencia de un califa del Profeta (BP) es algo en lo que concuerdan todos los musulmanes, si bien los sunnitas y shiítas discrepan en algunos de los atributos que tal califa debiera de tener y la forma de su nombramiento.

Al principio es necesario aclarar el significado de “shi‘ah” y “shiísmo”, y la historia de su origen y manifestación, de forma que se facilite tras ello el estudio de las cuestiones relacionadas al Imamato y Califato después del Mensajero de Dios (BP).

 

El Imamato es una cuestión divina

La cuestión del Imamato, tal como lo demostraremos a través de los artículos venideros, es una cuestión divina y celestial, y es por eso que era necesario que se complementara la estipulación del califa del Profeta a través de la revelación divina al mismo Profeta (BP), y fuera el mismo Profeta quien la anunciara a la gente.

Antes de brindar y explicar los argumentos y pruebas transmitidas y taxativas a este respecto, analizaremos el juicio del intelecto en este caso, considerando las condiciones de ese período (esto es, el período anterior y posterior a la muerte del Profeta), y sus puntos que pueden llegar a presentarse ambiguos.

La lógica elemental juzga que cualquier persona considerada un reformador, si a través de esfuerzos descomunales que se prolongan por muchos años puede llegar a ejecutar su plan social que le es particular, e innovar un nuevo sistema para la sociedad humana, necesariamente pensará en el medio efectivo para la permanencia de ese plan, que garantice su continuidad y también su desarrollo. No se corresponde con la sapiencia que una persona edifique una gran obra, soportando gran cantidad de agobios, pero que no piense en aquello que la proteja de los peligros, ni designe a alguien para preservarla y cuidar de la misma después de él.

El Gran Profeta (BP) es una de las más grandes personalidades del mundo, y mediante la ley religiosa que trajo produjo una colosal transformación divina mundial, preparando el terreno para establecer una civilización nueva y sin igual.

Es evidente que esta gran personalidad, que presentó a la humanidad una ley divina eterna, que guió la sociedad humana en su tiempo y durante los días de su vida, pensó también en cómo proteger su sharî‘ah frente a los posibles peligros y flagelos que la amenazarían en el futuro; asimismo consideró el medio para lograr la guía eterna y administración de su comunidad, y dejó en claro la forma del liderazgo después de él; ello es así porque es ilógico que ese sapiente Profeta establezca las leyes de una legislación divina eterna, sin disponer un sistema fuerte de liderazgo después de él, que garantice la permanencia de dicha legislación divina.

Tal Profeta que no escatimó esfuerzos para dejar en claro el más mínimo detalle de lo que se necesita para la felicidad de la humanidad, ¿cómo sería lógico que hiciera silencio en lo relacionado al liderazgo de la sociedad islámica y su forma y formulación? ¡¿Cómo podría ser así desde que ello conforma uno de los asuntos esenciales y decisivos de la vida de la comunidad, e incluso de la vida de la humanidad, por lo que se estaría dejando a la naciente sociedad islámica confusa y desatendida, sin saber cuál es su obligación a este respecto?!

Sobre la base de esto, es absolutamente imposible aceptar la pretensión de quien sostiene que el Gran Profeta (BP) cerró los ojos a la vida sin pronunciar palabra alguna respecto al liderazgo de la comunidad islámica.

 

 

  • Extraído del libro “La Doctrina del Islam Shi´ah (Manshure Aqaiede Imamiah)”, AiatuL-LAH Ya´far Subhani,
  • Traducción al Español: Huyyatulislam Feisal Morhell

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