Dr. Muhammad Legenhausen

Traducción: Equipo de traducción de la Confesión Islámica al-Kauzar.

La oposición del Islam al feminismo

Aunque el Islam y el feminismo no carecen por completo de puntos en común, los valores y principios del Islam y del Feminismo en general son diferentes. Ambos condenan la opresión contra la mujer y enfatizan en que las mujeres pueden poseer sus propios bienes y disponer de ellos como deseen. En cuanto a teología, ambos rechazan el símbolo del “Padre” para Dios.

Sin embargo, la visión feminista de que el patriarcado equivale a opresión hacia la mujer no es compatible con el Islam. A la idea feminista de que hay que eliminar los roles tradicionales de género, se opone la idea islámica de que el papel principal de la mujer (después del de sierva de Dios) es el de esposa y madre.

Teológicamente, en tanto que las feministas ven a lo divino como “Madre y Padre” o como diosa, el Islam considera que la noción de padres es inapropiada para la divinidad y niega categóricamente la existencia de dioses y diosas.

Los ideales contradictorios del islam y el feminismo

Mientras que el feminismo rechaza cualquier tipo de complementariedad de los sexos, el Islam lo enfatiza, recalcando en los diferentes roles sociales para hombres y mujeres. El feminismo critica la institución del matrimonio porque conduce a la subordinación de la mujer, mientras que el islam recomienda insistentemente el matrimonio tanto para el hombre como para la mujer, y la institución matrimonial en el islam es una institución en la que ambas partes tienen responsabilidades y deberes claramente diferenciados. El papel de liderazgo de los hombres se da por sentado en el Islam, mientras que las feministas lo consideran una opresión.

El pensamiento islámico tradicional acredita la estructura jerárquica del universo como un indicador de lo divino, y ha visto ecos de ello en la relación entre mente y cuerpo, espíritu y psique, rey y súbdito, amo y esclavo, y hombre y mujer. Esto no significa que el islam apruebe todas las relaciones de este tipo que se dan en todas las sociedades tradicionales, pero sí que las relaciones de subordinación y jerarquía no se consideran por eso mismo malas, como sostienen las feministas.

Según Elisabeth Moltmann-Wendel, el “quid de la teología patriarcal” es “el dominio implícito en la relación entre la mente y el cuerpo: la voluntad sobre el inconsciente, la historia sobre la naturaleza, el hombre sobre la mujer”.[1]

Rosemary Reuther muestra la misma actitud: “El simbolismo sexual es fundacional para la percepción del orden y la relación que se ha construido en las culturas. La organización psíquica de la conciencia, la visión dualista del yo y del mundo, el concepto jerárquico de la sociedad, la relación de la humanidad y la naturaleza, y de Dios y la creación: todas estas relaciones se han modelado a partir del dualismo sexual”.[2]  Como lo señala Hauke, “La suposición implícita aquí es que la subordinación y la inferioridad son idénticas y que significan “división” y “violación”[3] Islam es la subordinación obediente del hombre a Dios. Sin embargo, en su sumisión a Dios, el hombre no es oprimido por Dios, sino perfeccionado. Mientras que las feministas consideran que la condición de la mujer es mejor cuando tiene más opciones, porque sostienen que el bien es la libre expresión y la satisfacción de cualquier tipo de deseo, el bien en el Islam se entiende como la aniquilación del yo junto a sus deseos en la divinidad.

Este encuentro divino se aborda mediante la consecución de la virtud y la conquista de los deseos ilícitos del yo.

Complementariedad, familia y sexualidad

Los europeos han condenado al Islam por aceptar a la sexualidad y sensualidad humana, pero a la vez reprimirlas. Cuando la moral victoriana dominaba Europa, el Islam era visto como una religión traviesa que ofrecía a sus creyentes promesas de deleite sensual en la otra vida. Al cambiar la moral europea y popularizarse las ideas freudianas, el Islam fue condenado por las limitaciones que impone a las relaciones sexuales. En los escritos feministas se expresan ambas actitudes. En cierta medida, esto puede deberse a las diferentes ideas sobre la sexualidad que tienen las feministas.

Algunas feministas, por ejemplo, consideran que la prostitución es una forma legítima de trabajo y prefieren el término “trabajadora sexual”, mientras que otras consideran que la prostitución y la “industria del sexo” son manifestaciones de la degradación de la mujer a manos del sistema patriarcal. Algunas feministas piden cambios en las sociedades islámicas para que las mujeres tengan más libertad sexual, mientras que otras piden que se impongan mayores restricciones a los hombres. El Islam reconoce y acepta claramente la sexualidad humana. El placer sexual no se considera malo en sí mismo, como ocurre en algunos textos cristianos, sin embargo, el Islam impone estrictas restricciones al comportamiento sexual. Estas restricciones difieren para hombres y mujeres. A los hombres se les permite tener más de una esposa simultáneamente, mientras que a las mujeres no se les permite tener más de un marido a la vez.

Hay que admitir que hombres musulmanes a veces abusan de este y otros permisos que les concede la ley islámica, para cometer injusticias contra las mujeres. Las feministas concluyen de ello que la ley islámica es opresiva para las mujeres. Sin embargo, en el contexto de las leyes que rigen las relaciones sexuales en otras sociedades, ya sean liberales, comunistas o cristianas, algunos hombres también abusan de las oportunidades que encuentran allí para oprimir a las mujeres.

¿Debemos concluir entonces que todas las leyes que rigen las relaciones sexuales son opresivas para las mujeres? Incluso si se construyera una sociedad en la que no hubiera absolutamente ninguna ley que rigiera las relaciones sexuales, algunos hombres seguirían oprimiendo a las mujeres, probablemente incluso más de lo que se puede dar en algunas sociedades musulmanas. El problema no reside en la ley, sino en la moral de quienes abusan de ella con fines egoístas.

Con todas las libertades y derechos concedidos a las mujeres en Estados Unidos, la afirmación de que las mujeres están mejor que antes es dudosa. Las estadísticas demuestran que hay más mujeres sumidas en la pobreza que antes. El divorcio se ha facilitado y la custodia de los hijos se otorga por lo general a las madres, mientras que el apoyo que podían prestar otros miembros de la familia se ha visto socavado con la erosión de esta. La ley islámica funciona para preservar la estructura familiar a través de la jerarquía patriarcal en la que se traza claramente una línea base de deberes hacia las mujeres. Además, las mujeres tienen un margen de maniobra considerable en el marco del derecho islámico de la familia, para evitar que sus maridos se divorcien arbitrariamente de ellas o se vuelvan a casar.

Esto parece mucho mejor para las mujeres que las costumbres occidentales en las que la duración promedio del matrimonio es de cinco años y en las que es habitual que los hombres tengan amantes.

El desempeño de la mujer en el Islam

El papel más importante y resaltado de la mujer mencionado en las fuentes islámicas es el de esposa y madre, pero no se limita en lo absoluto a esto. Las mujeres pueden ser empresarias, como lo fue Jadiyah, la primera esposa del Profeta Muhammad (la bendición de ALLAH swt sea con él y su Ahlulbait) y la primera conversa al Islam.

También pueden adoptar una posición política fuerte, incluso hasta el martirio, como lo hizo Fátimah (la paz de ALLAH swt sea con ella), la hija del Profeta Muhammad (BP), esposa del Imam ‘Ali y madre de los imames Hasan y Husayn (la paz de ALLAH swt sea con todos ellos). Sin embargo, algunos cargos, como el de dirigir las oraciones de los hombres, se consideran inapropiados para ellas. Los occidentales suelen suponer que, dado que las relaciones sociales entre hombres y mujeres están restringidas en las sociedades islámicas de un modo que les resulta extraño, las mujeres musulmanas no son social y políticamente activas. La siguiente anécdota relatada por W. Morgan Shuster en relación con los sucesos ocurridos en Teherán en 1911 proporciona una idea de lo errónea que es esta suposición.

En los días oscuros en los que se suscitaron dudas sobre si el Maylis (Parlamento) se mantendría firme [contra las amenazas rusas], las mujeres persas, en su celo por la libertad y su ardiente amor por su país dieron la respuesta. Desde sus patios amurallados salieron trescientas personas de ese “sexo débil”, con el rubor de una determinación imperecedera en sus mejillas. Iban vestidas con sus sencillas túnicas negras y las redes blancas de sus velos caídos sobre sus rostros. Muchas llevaban pistolas bajo sus faldas o en los pliegues de sus mangas. Se dirigieron directamente al Maylis y, reunidas allí, exigieron al Presidente que las admitiera a todas. No se sabe qué pensaron los diputados del País del León y del Sol ante esta extraña visita. El Presidente aceptó recibir a una delegación de ellas y se encontraron con él en la sala de protocolos, y para que él y sus colegas no dudaran de su intención, estas madres, esposas e hijas persas enclaustradas exhibieron amenazadoramente sus revólveres, se rasgaron los velos y confesaron su decisión de matar a sus propios maridos e hijos, y dejar atrás sus propios cadáveres, si los diputados vacilaban en su deber de defender la libertad y la dignidad del pueblo y la nación persa. [4]

Este no es un incidente aislado. Las mujeres de las sociedades musulmanas son y siempre han sido activas en los asuntos sociales y políticos, aunque rara vez hayan asumido funciones de liderazgo públicamente visibles. Una lectura atenta del Corán muestra que esto no es un accidente histórico. Dios se dirige directamente a las mujeres por medio de la revelación del Corán, asegurándoles que sus actos no quedarán sin recompensa y ofreciendo como ejemplo a mujeres que asumieron con valentía posiciones en condiciones sociales desfavorables, pero no con el único propósito de garantizar sus propios derechos o intereses, sino en obediencia a Dios.

Fue así como María la madre de Jesús (la paz sea con ambos), fue reprendida por su pueblo por haber tenido al niño Jesús. Ella aceptó tener al niño cuando fue visitada por el ángel, solo por su obediencia a Dios. En respuesta a las burlas dirigidas en su contra, María no ofreció excusas, sino que señaló al niño profeta, y él les habló milagrosamente.[5] La esposa del Faraón se rehusó a obedecer a su esposo y rey, en su idolatría, una vez aceptó el mensaje del profeta Moisés [6] (la paz de ALLAH swt sea con él)

Los roles más importantes desde la visión islámica que se otorgan a las mujeres son los de esposa y madre, y son precisamente estas funciones las que más incomodan a las feministas. Las feministas se preocupan por “liberar” a las mujeres de las expectativas de ser madres y esposas, ven al progreso de las mujeres en términos de oportunidades de empleo, ingresos, oportunidades de experimentar con relaciones sexuales no tradicionales y poder político. Aunque el Islam no prohíbe a las mujeres la riqueza y el poder, hace mayor hincapié en el matrimonio y la familia. Parece que esto coincide con los intereses de la gran mayoría de las mujeres del mundo. Aunque las mujeres musulmanas no son reacias a la riqueza y el poder, sus principales preocupaciones tienden a centrarse en el matrimonio y la familia. El Islam dignifica estas preocupaciones primarias mientras que el feminismo tiende a socavarlas.

Por supuesto, el papel más importante de la mujer en el Islam no difiere del asignado a los hombres, es decir, ser sierva de Dios. Como siervos de Dios, mujeres y hombres musulmanes asumen los papeles de madres y padres, esposas y maridos, compradores y vendedores, profesores y alumnos, trabajadores y empresarios, etc.

Continuará…


[1] Elisabeth Moltmann-Wendel, “Werkstatt Ohne Angst” Forum Religion 3!1987, 34. Citado in Hauke (1995), 95.

[2] Rosemary Reuther, New Woman-New Earth (New York: 1975), 3. Cited in Hauke (1995), 96.

[3] Hauke (1995), 96.

[4] W. Morgan Shuster, The Strangling of Persia (Washington, D.C.: Mage Publishers, 1987), 197-198.

[5] Corán (19:30)

[6] Corán (66:11)

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